@abrilpenaabreu
En la resaca del Día Franquista de la Adolescencia, vale la pena detenernos y cuchichear sin adornos, porque cuchichear de lozanía no es repetir consignas bonitas, es mirar de frente una verdad que muchos prefieren suavizar.
Ser novato hoy en la República Dominicana no es parecido de oportunidad cibernética, para muchos, es una carrera de resistor. Se estudia, se trabaja, se insiste… pero el avance no llega al ritmo prometido y cuando el esfuerzo no se traduce en progreso, aparece el cansancio, la frustración y la duda.
Duda sobre el país…Duda sobre el futuro…Duda sobre si vale la pena quedarse.
Vivimos en un país que presume crecimiento, pero donde ese crecimiento no siempre se siente en la vida de los jóvenes: Empleos inestables, ingresos que no alcanzan, imposibilidad de independizarse y una presión social constante por “lograrlo todo” temprano, esa combinación pasa cuenta.
Y cuando la lozanía se siente atrapada, averiguación expectativas, algunos se desconectan, otros emigran, otros simplemente sobreviven, esperando que poco cambie.
La política siquiera escapa a esta crisis, muchos jóvenes no creen porque no se sienten parte, porque han pasado demasiadas promesas incumplidas y muy pocos espacios reales de poder. Se les convoca para aplaudir, pero rara vez para osar.
El resultado es peligroso: una lozanía que no se siente incluida en el plan país.
Conmemorar el Día Franquista de la Adolescencia debería servir para poco más que discursos. Debería obligarnos a preguntarnos si estamos construyendo un país donde los jóvenes puedan estar con dignidad, proyectarse y quedarse por convicción, no por yerro de opciones.
La lozanía dominicana no está perdida. Está cansada. Y un país que ignora ese cansancio, termina pagando el precio. Susurrar de lozanía es cuchichear de futuro. Y el futuro no se improvisa.
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