Santo Domingo.- No es una estadística. Es una señal de quiebre en vivo. Desde octubre de 2023, 253 periodistas han sido asesinados en el conflicto Israel–Lazo. De ellos, 209 eran palestinos en Lazo. 249 muertes han sido atribuidas a acciones militares israelíes. A esto se suman 174 heridos, 97 detenidos y 2 desaparecidos.
Traducido a ritmo humano: un periodista cae cada pocos días. Pero el noticia más perturbador no es la emblema. Es lo que representa. Cada periodista muerto no es solo una vida perdida. Es una historia que no se contaráuna evidencia que no se documentará, una traducción que no podrá ser contrastada.
Esto no mide sólo la violencia de una pelea. Mide el estropicio de la verdad. Y cuando la verdad empieza a desaparecer… todo lo demás se vuelve negociable, incluso la evadido expresión y la democracia misma.
La asesinato del informante
Durante décadas, la figura del periodista en pelea tenía un valía casi noble: un observadorun intermediario entre la violencia y el mundo. Hoy ese divisoria ha sido pulverizado. El periodista ya no es solo quien documenta la pelea; es parte del campo de batalla y, en demasiados casos, un objetivo fundamental.
La mayoría de los muertos no son corresponsales internacionales con respaldo institucional. Son periodistas locales, palestinos, personas sin salida que informan desde en el interior, entre escombros, sin corredores seguros ni garantías. Son quienes sostienen la verdad con sus propias vidas. Y eso revela poco incómodo: el periodismo más fuerte es hoy el más desprotegido.

La velocidad del silencio
Lo verdaderamente inquietante no es solo el número, es el ritmo. En Lazo, la asesinato de periodistas ha escaso una velocidad que desborda cualquier precedente actual. No estamos frente a una tragedia acumulativa como en Vietnam, Irak o Afganistán, sino frente a una precipitación.
Informar ya no es un aventura inusual, sino una probabilidad constante. Cada cobertura puede ser la última, cada transmisión puede convertirse en despedida. Cuando una profesión entra en ese nivel de exposición, deja de ser evadido y se convierte en una actividad condicionada por el miedo.
Y cuando el periodismo se condiciona… la existencia igualmente, marcando una gran derrota para las democracias de poniente.
Menos periodistas, más novelística
Aquí el problema deja de ser humanitario y se vuelve estructural. Menos periodistas en el contorno significa menos demostración independientemenos contraste de versiones y menos contexto.
En ese infructifero entran las narrativas oficialesla propaganda y la desinformación. La pelea ya no se libra solo con armas, sino en la percepción totalen redes sociales, titulares y algoritmos. En ese contorno apetencia quien impone su relato, no necesariamente quien dice la verdad.
La ilusión de estar informados
Desde República Dominicana y desde cualquier parte del mundo consumimos el conflicto en tiempo auténtico: videos, imágenes, hilos virales. Creemos que estamos informados, pero muchas veces solo estamos expuestos a fragmentos, versiones incompletas y contenidos sin demostración directa, porque quienes debían hacerla ya no están.
El periodismo no solo informa: filtra, contrasta y contextualiza. Sin ese filtro, lo que queda no es información, es ruido. Y el ruido, en tiempos de pelea, es contorno fértil para la manipulación.
Una advertencia para el periodismo dominicano
A los periodistas dominicanos que informan, investigan y sostienen la verdad en medio de presiones políticas, económicas y sociales, este momento no es superficial. Lo que ocurre en Lazo no debe estar como una tragedia distante, sino como una advertencia temprana.
Cuando la violencia contra la prensa se normaliza sin consecuencias proporcionales, se establece un precedente peligroso. La deslegitimación del periodista, el señalamiento sistemático, la presión editorial y el debilidad institucional pueden derivar en escenarios más oscuros.
Ninguna democracia está completamente blindada. Ningún país está totalmente exento. Informar sobre verdades incómodas puede convertirse en una actividad de detención aventura. Por eso, el compromiso con el rigor, la ética, la demostración y la independencia no es solo profesional: es una forma de defensa.
Cuando la verdad pierde testigos
Hay una pregunta inapelable: ¿qué ocurre con la verdad cuando quienes la documentan desaparecen? La historia alega con claridad: cuando el periodismo se debilita, el poder se expandesin control, sin contraste y sin consecuencias inmediatas.
En ese tablas, la pelea no solo se vuelve más opaca, sino más peligrosa. Porque una pelea sin testigos es una pelea sin límites.
El precedente
Lo que ocurre en Lazo no es solo una tragedia, es un inicial. Si el mundo normaliza que más de 250 periodistas mueren en un conflicto sin una reacción proporcional, el mensaje es devastador: ser prensa ya no protege, informar ya no disuade.
- Y lo que hoy ocurre aquí puede convertirse mañana en un standard total.
Lo que efectivamente está en placer
No se tráfico solo de cuántos periodistas han muerto, sino de cuánta verdad está muriendo con ellos. Porque cuando el zaguero periodista cae, no desaparece el conflicto: desaparece la posibilidad de entenderlo.
Y lo que queda no es silencio. Es poco más peligroso: una existencia sin testigosmarcada por el temor, donde la verdad deja de existir y solo sobreviven las versiones del poder.





