
El jueves corpus la Iglesia Católica nos recuerda que Redentor está presente en la Eucaristía, vivo entre los cristianos. De aquí que las palabras de Lucas 22, 19-20 son claras al proponer: “Posteriormente tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía.» Hizo lo mismo con la copa luego de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi parentesco, que es derramada por ustedes».
Jehová se hace comida, nos alimenta y se queda con nosotros. Como vivimos en un mundo hambriento, hueco y con ansias de guatar el interior, por eso Jesús se hizo pan y se ofreció en su cuerpo y en su parentesco. Hoy, al igual que ayer, tenemos que percibir la comida espiritual, para no tener huecos en nuestra vida. Es proponer, si buscamos a Redentor en la eucaristía, lo vamos a encontrar y quedará saciado nuestro corazón. Ya lo dice Juan 10, 10 cuando afirma: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en afluencia”. Y esa vida solo se encuentra cuando recibimos al Pedagogo en nuestros corazones.
Vivimos en una sociedad que trabaja por el alimento que perece. Existe una preocupación constante por las realidades pasajeras, rápidas y cómodas. Esta es la razón por la que no nos puede desterrar observar en la hogaño como hay un afán por todo lo superfluo, un afán desproporcionado en saciar el estómago, tener ropa de marca, ganar estar con el postrero celular del mercado, cuando debería ser todo lo contrario. De aquí que la invitación de Jesús en el evangelio es la posterior: “Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido afectado con el sello del Padre”. (Jn 6, 27).
Incluso es interesante analizar el pasaje del camino de los discípulos de Emaús, cuando el texto nos recuerda que reconocieron a Jesús al partir el pan (Lc 24, 31). Dejando dicho con esto, que solo quien comparte su alimento corporal puede luego tener la almohadilla para encontrarle sentido al pan espiritual. Porque alimentarse de Jehová es humanizarse, colocar al otro en el puesto de la bondad, en la caridad y sobre todo valorando su dignidad.
En definitiva, nadie puede acontecer escasez donde está Jehová. La conmemoración del Cuerpo y la Raza del Señor, es la solemnidad donde actualizamos la favor de tener a Redentor entre nosotros. Es la dicha y el privilegio de poseer de la compañía del Todopoderoso, hecho carne por la salvación de nosotros. En otras palabras, nadie puede guatar el interior del ser humano que no sea Jehová. No existe otro camino, otra vía. Ya lo dijo Pedro en una ocasión: “Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Entonces, ¿quién alimenta tu vida?
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