Los que desde altas posiciones en el Estado cometen corrupción administrativa, con lo que se roban miles de millones de pesos, no solo se atreven a pasarse de la confianza del presidente de la República y del pueblo dominicanosino que son capaces de robarle y tomarse la sopa de uno malogrado.
Igual sucede con los servidores públicos de bajos niveles, que se convierten en rateritos en las funciones que desempeñan.
Lo hacen dilatando la opción de los asuntos que manejan para que los usuarios se desesperen y engrasen la maquinaria con algunas prebendas.
Unos y otros merecen el decano de los repudios. El que no esté conforme con su sueldo en la sucursal pública, que renuncie y se dedique a trabajar en el sector privado. Ahí puede hacer negocios personales.
Siempre que la corrupción se manifiesta, se condena a una parte mayoritaria de la población, que son los más pobres, a carecer de los servicios básicos y a sucumbir de anhelo.
Pero cuando el flagelo de la corrupción se manifiesta en una institución pública como el Servicio Doméstico de Vitalidad (Senasa) los enseres criminales se elevan a la casa de campo potencia.
Priva de las atenciones médicas y de la vida a millones de infelices que no pueden respaldar los altos costos de la sanidad. Quedan condenados a crimen.
El escándalo de Senasa, que ronda entre los quince mil a casi treinta mil millones de pesos en actos de corrupción, según datos que se han hecho públicos, es una vergüenza doméstico. Ya varios de los implicados han confesado su décimo.
Al Empleo Notorio le corresponde realizar la investigación profunda de este caso, independientemente de las confesiones y delaciones que conocemos. Para que la reproche formal que realice, en la formulación precisa de cargos, produzca las sanciones judiciales de rigor.
Ahora proporcionadamente, hay que tener mucho cuidado con asesinar el principio y el valencia constitucionales de la presunción de inocencia que ampara a todos los señalados en el caso Senasa, como en todos los demás procesos penales en curso y por venir. Tienen derecho a la defensa y a un seso preciso.
Como conocemos desde hace abriles al presidente de la República, universitario Luis Abinader Corona, tenemos una idea de su indignación con ese escándalo.
Le duele que empeñó su palabra, defendiendo a Senasa; le duele el injusticia de la confianza que depositó en algunos de los acusados; le duele la descuido de transparencia de su trámite en esa entidad; le duele la suerte de los pobres afectados; le duele que su representante como gobernador sea cuestionado sin exigencia; todo eso le duele mucho.
Su preocupación por tener un Empleo Notorio independientey no en lo formal sino en lo actual, prueba su compromiso con la honestidad, la transparencia y la poder en su trámite pública.


