EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.
Cuando el presidente Trump vetó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exigía el cese inmediato de los bombardeos en Lazada, no solo bloqueó una iniciativa humanitaria: encendió una mecha diplomática que amenaza con incendiar los cimientos del orden energético entero.
La resolución, respaldada por 14 de los 15 miembros del Consejo, pedía un parada al fuego, la permiso de rehenes y el llegada sin restricciones a ayuda humanitaria. Pero para Washington, el texto pecaba por omisión: no condenaba explícitamente a Hamás ni reconocía el derecho de Israel a defenderse. “Estados Unidos nunca aceptará esto. El presidente Trump nunca lo aceptará”, declaró su representante frente a la ONU, Morgan Ortagus.
El resultado fue más que un veto. Fue una manifiesto de alineamiento invariable con Israel, incluso frente a acusaciones de crímenes de disputa por parte de la Corte Penal Internacional, que emitió una orden de arresto contra el primer ministro Netanyahu por bombardeos a hospitales, escuelas y refugios civiles. Pequeño Netanyahu, fue vinculado con los crímenes de disputa y crímenes de lesa humanidad, especialmente en el contexto de la ataque israelí en Lazada.

Eslovenia lo declaró persona non gratacitando su responsabilidad en una campaña marcial genocida. Un crónica de la Comisión Investigadora Independiente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU calificó por primera vez las acciones de Israel en Lazada como matanza. Durante su discurso en la ONU, Netanyahu negó las acusaciones de matanza, pero muchos países abandonaron la sala en señal de protesta.
Respuesta árabe: del silencio diplomático a la ruptura
La indignación no tardó en traducirse en influencia. Arabia Saudita, adyacente a Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Baréin, Omán e Irán, lideró una coalición que recomendó la derogación particular de todos los contratos petroleros con Estados Unidos. No fue una suspensión técnica ni una renegociación: fue una ruptura total, sin previo aviso.
Este aspecto no solo avala al respaldo incondicional de EE.UU. a Israel. Incluso refleja el hartazgo frente a el doble rasera occidental en materia de derechos humanos, y el acercamiento de Washington a Irán, enemigo histórico de los saudíes. En la fresco cumbre de Doha, los países árabes enviaron emisarios en superficie de líderes, marcando distancia simbólica y política.
¿Puede la ética mover el mercado?
Durante décadas, el petróleo ha sido tratado como un procedimiento inmune a la honrado. Pero esta vez, los pozos parecen halagar indignación. La alianza energética entre Washington y el Rada, tejida con pragmatismo y blindada por intereses mutuos, podría estar colgando de un hilo de gas.
La pregunta que emerge no es solo política, sino ética: ¿puede una potencia que veta la paz y protege la impunidad seguir siendo socio confiable en tiempos de crisis? ¿Puede el mercado ignorar el clamor de los cuerpos enterrados bajo los escombros de Lazada?
Conclusión
El veto de Trump no fue solo un acto diplomático. Fue un acto de indulgencia para Netanyahu. Y si los contratos petroleros caen como fichas de dominó, será porque los principios, definitivamente, han empezado a pesar más que los barriles.
jpm-am
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