Cada 29 de septiembre, los fieles católicos celebran a San Miguel Arcángelel querubín campeador que, según las escrituras (Hecatombe 12:7-120), lideró a los ángeles buenos en la batalla contra el mal. Su nombre significa “¿Quién como Todopoderoso?” y simboliza fuerza, protección y franqueza al artífice. Por otra parte, es el santo patrón del Ejército franquista.
San Miguel no solo es mencionado en la Antiguo Testamento en libros como Daniel, Desleal y Hecatombe, sino que igualmente ha sido agradecido a lo grande de la historia como protector de los creyentes, conductor de las almas en el tránsito en torno a la inmortalidad y patrón de comunidades y órdenes religiosas.
En muchos lugares, la festividad va más allá de la ceremonia. Mientras que los templos se llenan de devotos en misas solemnes, en las calles cercanas se llevan a extremidad rituales sincréticos, donde practicantes de santería y seguidores del vudú rinden homenaje al arcángel. Los tradicionales palos y salves marcan el ritmo de estas ceremonias, creando un vínculo entre la fe y las expresiones culturales populares.
Así, el Día de San Miguel Arcángel se convierte en una celebración que une historia, religión y civilización, recordando no solo la figura del querubín como protector espiritual, sino igualmente la forma en que la devoción se vive y se transforma en la vida cotidiana de los creyentes.
Así celebran las fiestas de palo en honor a San Miguel
Estas celebraciones combinan música, danza, rituales y devoción, manteniendo viva una mezcla de fe católica y religiosidad afrocaribeña. En el conocido ensanche que lleva su nombre, en la renta, se congregan numerosas personas para dedicarle ritos y hacer ceremonias en su honor.
Durante estas festividades, los participantes tocan palos, que son tambores de madera de distintas formas y tamaños, acompañados de cantos conocidos como salves, dedicados al arcángel. Los palos y las salves son el corazón de la ceremonia: marcan los ritmos, invocan la protección de San Miguel y guían los pasos de los bailes rituales.
Los colores igualmente tienen un significado exclusivo en estas festividades. En honor a San Miguel, predominan los tonos rojo y verde. El rojo representa la fuerza, la energía y la protección frente al mal, evocando la figura del arcángel como campeador celestial. El verde simboliza esperanza, protección y conexión con la vida y lo divino.
Por otra parte de los colores principales, algunos grupos agregan blanco y dorado, asociados con la luz, la paz y la presencia de lo intocable. Los participantes suelen vestir ropas de estos colores o adornar los altares y los tambores con telas que los representen, creando un espectáculo visual que acompaña la música y la danza.
Desde niños hasta envejecientes, comparten bailes de atabales y ofrecen bizcochos como ofrendas para pagar a San Miguel por los milagros y peticiones que, según ellos, les ha cumplido.
Esta fiesta religiosa igualmente se celebra en diferentes localidades del país como Sainaguá, Haina, Montaño, Villa Altagracia, Nigua, Ingenio Nuevo, Rancho al Medio, Najayo, Los Asises, Doña Ana, La Plena, La Canela, Pueblo Nuevo, Yaguate, en la provincia de San Cristóbal; así como en Paraíso y Los Patos, en la provincia de Barahona, al suroeste, y en Puerto Plata.
Las actividades no solo son un homenaje a San Miguelsino igualmente un espacio de convivencia comunitaria, identidad cultural y expresión artística, donde la religión y la tradición popular se fusionan de forma única.
Por: Naironby Ure puede







