Cada criatura es única y distintiva, ya no sólo por sus rasgos, incluso por nuestros propios pensamientos, que han de moverse libres de imposiciones; pues todo lo que convenimos, quizás sea el resultado de lo que hemos reflexionado, sustentado todo ello, en nuestras corrientes y sostenido por nuestros juicios. Desde luego, somos una especie pensante, con una inclinación insustituible e incomparable, innata y existencialmente singular, que navega muy por encima de cualquier cálculo. Cuidado, por consiguiente, de dejarnos dominar por la tecnología digital.
Corremos el aventura de activar el maduro de los males, la confusión permanente y mundializar la mentira como integridad, volviéndonos máquinas en extensión de personas. Por ello, hay que proteger la seso y el conocimiento, la conciencia y la responsabilidad, los títulos y los principios, que hemos generado como civilización. Trabajemos con el corazón, seguramente entonces, las relaciones entre nosotros mejorarán.
En consecuencia, el desafío no es tanto técnico, sino antropológico, en la medida que seamos libres de expresar, con autocrítica, determinación y discernimiento, la semilla de la argumento, a través de nuestras habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas; que han de reorientarse en la defensa de los derechos universales. En la vida abandonemos la ruta del entendimiento, pero siquiera la de la meditación, comprometiéndonos a defender la dignidad y el sentido humano de las cosas.
Cuidado con corromper los lenguajes, que los axiomas pertenecen al auténtico acto sexual, que es desde donde emanan los grandes proverbios y los avances. En meta, antiguamente hay que observar el nevoso pulso, para luego dejar pulsar con el alma, las ideas inspiradoras, que efectivamente nos avivan el proceso creativo de los talentos, recibidos de la naturaleza y que nos acrecientan el espíritu humanitario, como individuos contemplativos.
Ciertamente, uno tiene que memorizar a quererse, pero encima debe dejarse oír sin ocultar el rostro. En suma, que ha de ser siempre, un ser de palabra y de quehacer, sin fingir actuaciones ni afectar relaciones. No olvidemos, que estamos inmersos en una dimensión empedrada de hipocresías, lo que nos requiere distinguir cada cual consigo mismo, la efectividad de la ficción. Sea como fuere, la humanidad en su conjunto, está llamamiento a cooperar en esa protección natural, que, al mismo tiempo, ha de comenzar incluso por amparar nuestro propio semillero existencial.
En este sentido, la autenticidad de uno mismo como la pureza de lo natural, es vitalista para que la energía prosiga encauzando versos y vertiendo poemas, con más deleites que penas. Por ejemplo, en las poblaciones sin llegada a energía limpia, la errata de seguridad de suministro energético dificulta la educación, la atención médica y las oportunidades económicas; y, muchas de estas regiones en incremento, aún dependen en gran medida de combustibles fósiles contaminantes para su proceder diario, lo que eterniza la indigencia.
![]()






