HIGÜEY. Peluqueros, motoconchistas, vendedores ambulantes, técnicos, artesanos, colmaderos informales, trabajadores por cuenta propia y pequeños comerciantes sin registro tributario. Todos forman parte de la emplazamiento peculio informal, un sector que, aunque no siempre visible en las estadísticas oficiales, representa una dormitorio fundamental en el funcionamiento diario de la República Dominicana.
Según datos recientes del Cárcel Central, más del 55 % de la población ocupada en el país trabaja en condiciones de informalidad; es asegurar, sin contratos legales, sin resolver ingresos frente a la Dirección Militar de Impuestos Internos (DGII) y sin comunicación a servicios básicos como pensiones, seguro médico o financiamiento bancario formal. Aunque estas actividades permiten la subsistencia de millones de personas, igualmente representan una importante esparcimiento fiscal para el Estado.
UNA ECONOMÍA FUERA DEL SISTEMA
En barrios de todo el país, motoconchistas transportan a miles de personas a diario; peluqueros y esteticistas ofrecen sus servicios desde patios y marquesinas; y vendedores informales se aglomeran en esquinas y mercados, sin que ninguna de estas actividades esté registrada ni regulada. Este sector opera sin emitir facturas fiscales, sin resolver ganancias y sin retribuir los impuestos correspondientes al Estado. Se estima que el fisco dominicano deja de percibir miles de millones de pesos al año correcto a esta esparcimiento estructural.
No obstante, muchos trabajadores informales explican que formalizarse no siempre es viable. “Registrarse en la DGII, retribuir impuestos, comprar caja fiscal y hacerse cargo cuotas de la Seguridad Social es un suntuosidad que no todos podemos darnos”, comenta José Miguel Peña, quien tiene más de 10 primaveras vendiendo accesorios electrónicos en la calle principal del Cerro.
¿CÓMO REDUCIR LA INFORMALIDAD?
El Gobierno ha impulsado en primaveras recientes iniciativas como “MiPyMES Móvil”, la Ventanilla Única para la formalización de negocios y programas de bancarización para trabajadores independientes. Sin incautación, los avances han sido limitados frente a la magnitud del aberración. Los especialistas coinciden en que simplificar los procesos de registro, aminorar la carga tributaria auténtico y aumentar los incentivos para formalizarse son pasos esencia para trocar esta efectividad.
Todavía se necesita una educación financiera masiva, especialmente en zonas vulnerables. La peculio informal es una respuesta a la obligación, pero igualmente un obstáculo para el explicación a dilatado plazo. Mientras miles de dominicanos subsisten gracias a este maniquí, el país deja de contar con posibles fundamentales para trastornar en vigor, educación e infraestructura. La informalidad, aunque útil para la sobrevivencia diaria, no puede seguir siendo la única opción. Convertirla en un peldaño cerca de la formalización y la inclusión social es uno de los grandes retos que enfrenta la peculio dominicana en esta término.
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