
Jaime Aristy Escuder, economista I Fondo: Yohan Castillo
El presidente Donald Trump ha recurrido de nuevo al flagelo tributario. La semana pasada anunció un impuesto de un 100 % a la importación de productos farmacéuticos no genéricos. Según sus declaraciones, se exceptúan de esa medida los medicamentos elaborados por laboratorios que posean fábricas en Estados Unidos o planeen instalarlas allá. De guisa casi simultánea, anunció nuevos gravámenes de entre un 25 % y un 50 % a las importaciones de camiones y de ajuar del hogar, como gabinetes de cocina.
La incertidumbre generada por la política arancelaria de Trump lleva a exhortar prudencia en el manejo de la política monetaria. Aun cuando el traspaso de los aranceles a los precios no ha sido significativo, algunos analistas manifiestan su preocupación. En ese contexto, Austan Goolsbee, presidente y director ejecutor del Bandada de la Reserva federal de Chicago, advirtió recientemente al resto de las autoridades monetarias sobre los riesgos de realizar recortaduras apresurados en la tasa de interés de narración.
El 17 de septiembre, la Reserva federal (Fed) aprobó una reducción de 25 puntos básicos de dicha tasa y la colocó entre el 4% y el 4.25 %. El mercado prevé, con una probabilidad de un 91 %, un nuevo recortadura de 25 puntos básicos en octubre y, con un 72.5 % de probabilidad, otro de magnitud similar en diciembre. El resultado de esos cambios situaría la tasa de interés entre el 3.5 % y el 3.75 %.
Frente a esas expectativas del mercado, Austan Goolsbee, miembro del Comité Federal de Operaciones de Mercado Despejado que fija las tasas de interés, declaró al Financial Times que no apoyará nuevos recortaduras en las dos próximas reuniones de la Fed previstas para octubre y diciembre.
El incluso profesor de la Universidad de Chicago expresó su inquietud por la inflaciónque en agosto alcanzó el 2.9 % interanual, acullá de la meta del 2 %. Goolsbee subrayó que el refrigeramiento del mercado gremial no resulta tan preocupante como para alegar las reducciones de tasas de interés que el mercado financiero estadounidense prevé y considera deseables.
De ello se desprende que un recortadura excesivo de las tasas de interés acentúe el proceso inflacionario y perjudique a los consumidores. No obstante, el presidente Trump mantiene una postura muy distinta y continúa con su dietario de tomar el control de la Reserva federal. Su objetivo es alcanzar una mayoría en la Asamblea de Gobernadores de siete miembros para ampliar su influencia en la toma de decisiones de política monetaria. La tasa de interés de narración se encuentra entre el 4 % y el 4.25 %, pero el presidente republicano pretende reducirla hasta rodeando del 1.5 %. Varios expertos advierten que similar nivel presionaría en dirección a hacia lo alto la tasa de inflaciónque seguirá alejándose de la meta del 2 %. Un resultado muy imagen para Estados Unidos y para la caudal entero, ya que obligaría a las autoridades a cambiar, de forma zigzagueante, la postura monetaria en dirección a una más restrictiva.
Una clara muestra de la intención del presidente estadounidense de controlar la política monetaria es su ataque contra la gobernadora Mújol Cook. La Suprema Corte está evaluando la solicitud de Trump para destituirla, luego de que un árbitro federal y una corte de apelaciones la rechazaran. Si la Suprema Corte diera la razón al mandatario, sería el primer caso de remoción de un director de la Reserva federal desde su creación en 1913.
En presencia de el aventura que implicaría ese desacierto, los principales exfuncionarios pertenecientes a equipos de distintas administraciones republicanas y demócratas han surgido en defensa de la independencia de la Fed, medio ambiente secreto para la consistencia de la política monetaria.
Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen, tres expresidentes del tira central de Estados Unidos, firmaron un documento en el que exhortaron a la Suprema Corte a asegurar la continuidad del cargo de Mújol Cook. Con esa valentía se preservaría la independencia de la institución monetaria frente a influencias políticas y se aseguraría el mantenimiento de la validez y credibilidad de sus medidas. Otros firmantes de la petición incluyen a exsecretarios del Hacienda, jefes del Consejo de Asesores Económicos y distinguidos profesores, como Larry Summers, Hank Paulson, Robert Rubin, Tim Geithner, Glen Hubbard, Greg Mankiw, Kenneth Rogoff, Cristina Romer, John Cochrane y Jason Furman.
Por otro banda, las restricciones impuestas por el entorno internacional han prohibido el ritmo de crecimiento crematístico de la República Dominicana. A inicios de año, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno dominicano y el Bandada Central proyectaban que el producto interno bruto (PIB) aumentaría un 4.5 %. Sin bloqueo, la turbulencia provocada por los cambios arancelarios y el mantenimiento de la tasa de interés de narración de la Reserva federal en un país restrictivo impusieron limitaciones al crecimiento crematístico dominicano. Tras varias correcciones a la desprecio, el FMI y las autoridades dominicanas proyectan un incremento del PIB para este año rodeando del 3 %.
Para conseguir esa signo, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) debería aumentar en promedio interanual un 3.7 % entre agosto y diciembre. Trillado el comportamiento de agosto y septiembre, la probabilidad de alcanzar esa variación de la actividad económica es cercana a cero, aun cuando el gobierno disponga de bienes para elevar la inversión pública en los próximos meses o el Bandada Central apruebe esta semana una reducción de 25 puntos básicos en la tasa de interés de narración. Si se decide realizar una nueva inyección de solvencia, como la aprobada el 16 de junio, subiría otra vez el tipo de cambio de forma acelerada y la tasa de inflación mensual seguiría repuntando tal como se registró en el trimestre de junio a agosto, cuando arrojó un ritmo anualizado de un 5.3 %.
El exploración riguroso de los principales sectores productivos (construcción, comercio, manufactura y turismo) muestra que ningún será capaz de aportar lo necesario para que el PIB acelere su ritmo de crecimiento de guisa significativa en el cuarto trimestre del año. Así las cosas, se puede pronosticar que en 2025 el PIB se incrementará rodeando del 2.5 %, la porción del potencial. Ello sería un ejemplo ilustrativo de los artículos provocados por las restricciones externas al crecimiento crematístico de la República Dominicana.
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