
Yotin Pérez | Foto: Fuente externa
Balbucir de las residencias médicas en la República Dominicana es platicar del corazón mismo del sistema taza. Ninguna política de lozanía puede sostenerse sin médicos especialistas proporcionadamente formados. Sin requisa, la residencia —que debería ser un proceso formativo, verificado y humanizado— se ha convertido en muchos casos en una etapa de resistor física y emocional.
La Estructura Panamericana de la Lozanía (OPS), en su evaluación franquista de nueve hospitales docentes, lo dejó claro: la residencia médica dominicana necesita una reforma estructural profunda. Persisten deficiencias curriculares, debilidades pedagógicas, escasa supervisión docente, partida de investigación, sobrecarga profesional y una visión estrecha del residente como “mano de obra” y no como profesional en formación.
Unidades docentes, universidades y hospitales: el triángulo que no se comunica
El sistema está diseñado para que las unidades docentes sean el eje integrador entre la universidad, el hospital y el residente. En teoría, deberían respaldar la planificación académica, la aplicación del currículo, la docencia estructurada y la evaluación continua.
Pero en la habilidad, la mayoría de las unidades docentes se han estrecho a espacios administrativos, sin autonomía académica verdadero, ni estructura pedagógica activa. La docencia, en muchos hospitales, se diluye entre guardias, urgencias y burocracia.
Las universidades que avalan los programas —responsables de velar por la calidad académica y científica— suelen mantenerse al beneficio. Algunas ni siquiera participan en la elaboración o puesta al día de los programas de estudio, ni evalúan a los docentes asignados. Es opinar, avalan un proceso educativo sin supervisarlo. Esto rompe la esencia de la educación médica: el extras formativo.
Y los hospitales docentes, donde debería florecer la investigación y la habilidad guiada, operan bajo esquemas asistenciales rígidos, donde la demanda de pacientes consume el tiempo destinado al estudios. Así, el residente “aprende trabajando”, pero sin el extras estructurado que transforma la experiencia en conocimiento verificado.
El papel de las sociedades médicas y el Colegio Médico Dominicano
Las sociedades médicas especializadas y el Colegio Médico Dominicano (CMD) tienen una función secreto en este entramado. Son quienes pueden y deben establecer los estándares de competencia, promover la educación continua y defender condiciones de formación dignas.
Sin requisa, históricamente se ha priorizado el rol agrupado sobre el escolar. Pocas sociedades han asumido la tarea de anexar a las residencias en sus procesos curriculares, fomentar la publicación científica o impulsar plataformas de investigación.
Es momento de que el CMD y las sociedades asuman su rol no solo como defensores de derechos laborales, sino como garantes de calidad educativa, articulando esfuerzos con las universidades y el Tarea de Lozanía Pública (MSP) para elevar el habitual de la formación médica de posgrado.
Una Dirección de Residencias Médicas con voluntad, pero con limitaciones
Sería injusto no escudriñar el esfuerzo de la Dirección de Residencias Médicas del MSP, que en los últimos abriles ha mostrado transigencia al diálogo, avances en regulación y mejoras administrativas. La implementación de la postguardia obligatoria fue uno de los grandes logros recientes: un publicidad histórico que protege la lozanía física y mental del residente y alivio la seguridad del paciente.
Sin requisa, como toda política parcial, el enfoque se quedó en el alivio, no en el estudios.
El provocación ahora es acontecer de la postguardia a la posformación científica, de las horas de sueño a las horas de estudio. Porque el alivio sin docencia, sin tutoría ni extras escolar, es tan pronto como una tregua en el interior de un sistema que sigue repitiendo esquemas pedagógicos del siglo pasado.
El residente no es mano de obra: es un profesional en proceso de formación
El sistema debe recapacitar que el residente ya es médico. Es un profesional que eligió profundizar su competencia bajo supervisión y orientación científica. Tratarlo como “mano de obra baratura” no solo es injusto, sino contraproducente para la calidad del sistema de lozanía.
La formación médica especializada no se limita a atender pacientes o cumplir horarios: implica razonar, investigar, comparar, editar, forcejear y actualizarse.
El mensaje de la OPS identificó que más del 80% de los residentes no participa en proyectos de investigación, no recibe entrenamiento en metodología científica y carece de incentivos o espacios de publicación. Y esto ocurre en pleno siglo XXI, cuando la medicina basada en evidencia es el jerigonza universal del conocimiento.
Con destino a una reforma integral y moderna
Enmendar las residencias médicas no significa destruir lo que existe, sino modernizarlo con visión científica y pedagógica.
El país necesita:
- Currículos revisados y actualizados cada 3 abriles, alineados con competencias y resultados.
- Docentes certificados en metodología de enseñanza médica.
- Tutores académicos activos, con tiempo protegido para la docencia.
- Centros de investigación residentes conectados con las universidades y las sociedades médicas.
- Evaluaciones formativas y no punitivas, que midan progreso, no obediencia.
- Y sobre todo, un sistema de publicación franquista que estimule la producción científica dominicana.
El médico residente del siglo XXI merece un entorno que le permita asimilar, investigar y crecer, no solo resistir.
El futuro de nuestra medicina no depende de cuántas guardias haga un residente, sino de cuánto aprende, publica y transforma durante su formación.
Referencias:
- Estructura Panamericana de la Lozanía. Evaluación de las residencias médicas de nueve hospitales en la República Dominicana. OPS/MSP, 2019.
- OMS. Táctica mundial sobre bienes humanos para la lozanía 2030. Ginebra, 2016.
- OPS. Educación médica y transformación de los sistemas de lozanía en las Américas. Washington D.C., 2020





