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La política arancelaria se aferra una vez más al comercio internacional con la nuevo aplicación de un tasa mundial del 10% adoptivo por el Presidente Donald Trumptras el falta de la Corte Suprema de Estados Unidos, y sus pertenencias en el mundo plantean posibles repercusiones sobre el tema, siendo República Dominicana uno de los afectados.
Con una medida que por sí sola desfavorece suficiente el mercado foráneo, el comercio dominicano será uno de los más castigados por su naturaleza de peculio pequeña y abierta.
Según argumentó el economista Haivanjoe Ng Cortinas en este panorama, la evidencia indica que la veterano parte del impacto es absorbida por los exportadores gracias a la estructura productiva del país dominada por zonas francas y manufactura intensiva en empleo.
“Hoy el país exporta rodeando de US$7,125 millones en acervo. Un tasa de esa magnitud implicaría un choque cercano a US$712 millones”, explicó con la estimación de que el 65% recaería sobre empresas locales, unos US$460 millones, mientras el 35% restante lo asumiría el mercado estadounidense.
Esto traería consigo presión sobre el empleo industrial, como en las zonas francas donde la competencia internacional es intensa, y último dinamismo en la inversión extranjera vinculada a la relocalización cercana por el aumento al paso competitivo del mercado estadounidense.
Agregó adicionalmente los pertenencias macroeconómicos indirectos, como una último entrada de divisas y posible presión cambiaria en el ganancia.
Es bueno aclarar que este nuevo tasa estará vivo por un periodo provisional de 150 días; no obstante, el economista Luis Manuel Piantini. explicó que esto no invalida la aprieto de insistir en un trato más conveniente que elimine este 10%, al memorar el obligación comercial del país con Estados Unidos de más de $5 mil millones de dólares para demostrar esa aniquilación.
Señaló como otros puntos a merced que República Dominicana es el país del dominio con más elevado tráfico comercial para la nación estadounidense, su papel sobresaliente en la lucha contra el narcotráfico unido con el apoyo brindado por su software de seguridad hemisférica y regional.
“Por zaguero, porque infiere un punto a nuestro desfavor para atraer inversiones de nearshoring (relocalización cercana) y exportar, al tener un costo adicional del 10% que las iguales y similares exportaciones de acervo de MéxicoEl Salvador y Guatemala. Especialmente en exportaciones de textiles, equipos de vigor y electrónicos”, sostuvo.
Un paso a espaldas
Aunque esta medida tiene como objetivo corregir el obligación comercial del país norteamericano y fomentar la producción franquista, el habituado en el dominio, Dario Cuevas, explicó que se apela de nuevo al tema de las guerras comerciales en pleno siglo XXI.
“Uno pensaba que a esta pico, con un proceso de globalización en pleno expansión, uno pensaba que el tema impositivo no volvía a ser tan relevante cuando los países se encaminaron a disminuir, a desmontar los aranceles, y por eso muchas naciones se comenzaron a entender a través de los tratados de vaco comercio. Entonces, desde ese punto de olfato, uno que está mirando, la política arancelaria nos está retornando al siglo XIV, al siglo XVIII, donde ese era un útil que usaban los estados para presionar a otros estados”, analizó.
Con los tiempos modernos, donde la globalización está tan normalizada, indicó que el útil de los aranceles no va de la mano con las exigencias actuales.
No tan desolador
Hainvanjoe Ng continuó detallando que con esta medida no todos los sectores reaccionarían igual, resultando con exportaciones con veterano diferenciación, como el tabaco premium, mientras que los textiles, manufactura ligera y parte de los dispositivos médicos —pilares del maniquí exportador— serían más vulnerables.
“En síntesis, un tasa de 10% no sería un evento sistémico, pero sí un choque relevante para el trasto productivo. Sus pertenencias se sentirían en márgenes empresariales, empleo industrial y expectativas de inversión”, relató con la recomendación de diversificar los mercados, elevar valencia complemento y robustecer la competitividad para confrontar un entorno comercial mundial cada vez más incierto.
Un pensamiento similar expresó el economista Jesús Martínez al alegar que el nivel de las exportaciones a los Estados Unidos sí podría encontrarse afectado, pero no sería significativo para la República Dominicana.






