El pasado viernes, un equipo de Diario Atrevido se trasladó a Villa Grietaen Santo Domingo Septentrión, para realizar un trayecto a ciegas inmediato a una persona con discapacidad visual y distinguir los desafíos que enfrentan estas personas al desplazarse por las calles.
El trayecto inició a las 3:49 de la tardefrente a la periodo del Patrón Gregorio Luperón. Me colocaron una venda negra y José Beltrán, presidente de la Fundación Francina, y quien me guiaría durante el trayecto, me ofreció las primeras instrucciones: “La idea es rastrear el garrote moviéndolo de izquierda a derecha, al orondo de tus hombros. Así decides si seguir caminando derecho o desviarte”.
Cuando empezamos a caminar traté de concentrarme en lo que sentía a través del garrotepero el ruido de los vehículos lo complicaba un poco.
Con lo primero que tropecé fue con una columna del medidaluego con un poste de luz. El suelo no se sentía uniforme por lo que hubo que descabalgar un poco para continuar.
Hasta ese punto, el camino iba “más o menos admisiblemente”. En seguida tocamos varios motores estacionados en la orilla. Cruzamos una pequeña calle y un motor nos pasó tan cerca que creí que nos iba a chocar.
Aunque seguía caminando, sentía que los vehículos se me venían encima. Estaba en la orillapero mis oídos estaban muy atentos. Casi nada llevábamos unos cinco minutos y ya habíamos esquivado tres o cuatro postes de luz, varias columnas y un par de obstáculos más.
Preguntar ayer de ayudar
Llegamos a una parte donde la orilla con rompía por completo. El camino se volvió incómodo y con basura. Un hombre se acercó y nos ayudó a avanzar.
En ese momento Beltrán dijo: “A veces hay personas que quieren ayudar, pero incluso hay quienes se aprovechan. Lo ideal es preguntar primero si la persona necesita ayuda. A veces la hacen desviarse del camino que ya conoce”.
Seguimos avanzando. En ese tramo, el garrote chocaba constantemente con objetos. Mucha parentela pasaba a nuestro en torno a; nosotros íbamos a paso cachazudo.
Más delante, el garrote se topó con restos de concreto o cerámica. Doblando a la izquierda entramos al ciudadela Casa Viejaen una zona con poco asfalto, donde escuché a algún vocear: “¡Aquí hay muchos hoyos!”. Ya no había orillacaminábamos directamente por la citación.
¿Cómo una persona ciega sabe que está en medio de la calle?. “El garrote te lo dice. Al abrirlo a lo espléndido y a lo orondo, sientes la delimitación”, dijo José.
El ámbito era irregular, con Desperdiciar y agua. Para cruzar un charcoJosé dijo que colocara el garrote en un punto seguro y luego moviera el pie cerca de allí. Doblando a la derecha, me quité la venda. La luz del sol me pareció demasiado brillante.
Valoración de José sobre Villa Grieta
“Villa Grieta tiene tres cosas incómodas” para una persona ciega, explicó José. “Primero, el ruido. Es muy enfadoso y confunde. Segundo, aunque no es una de las zonas más inseguras, siquiera es muy segura, y hay que deambular con cuidado. Y tercero, las calles y aceras son muy accidentadas. Se puede caminar, sí, pero hay que enfrentarse a muchos obstáculos”.
El trayecto fue de cuatro cuadras y duró unos vigésimo minutos.
Cada 15 de octubre se celebra el Día Internacional del Estaca Blanco, con la finalidad de concienciar sobre los derechos y la independencia de las personas con discapacidad visual.
Esta momento se reconoce en numerosos países como un día para distinguir los desafíos que enfrentan las personas ciegas o con disminución visión y para promover su inclusión en todos los aspectos de la sociedad.






