
Todos conocemos el plástico. Su finalidad es utilizarse y tirarse. En la ahora, esto está pasando con el aprecio. Pues, son muchos los que usan y tiran a las personas como si fueran basuras arrojadas al zafacón, dejándoles cicatrices y sentimientos amargos en su interior. Es aseverar, muchos juegan con los sentimientos de los demás y dejan el aprecio sin contenido, sin color y sin sabor. Quizás porque han optado por el placer momentáneo, ese que no compromete y que aparentemente no “hace daño”, porque no hay compromiso con la otra persona, solo encuentros casuales.
Pero lo mismo está sucediendo con los amigos. Hoy es sencillo encontrar “características” novedosas sobre la amistad. Por ejemplo, amigos con derecho, de ocasión, para acaecer el rato, de tragos, de consuelo sexual. En fin, la amistad, en muchos casos, se ha vuelto un negocio, una válvula de escape, una forma de utilizar al otro mientras se deje y mientras sea útil. Esto es fruto del relativismo, de un estilo de vida basado en la idea de que “todo se puede”, “todo se vale”, “eres exento para hacer todo lo que quieras”, “no le hagas caso a nadie, sé tú mismo. Total, la vida es tuya”.
El aprecio se ha vuelto plástico sin serlo. Muchos se acostumbraron a llamarle aprecio a cualquier sentimiento asequible, a esas emociones fugaces y pasajeras que surgen de repente en el corazón humano. El fruición y una sensación sin responsabilidad, fueron la excusa para dejar que el instinto tomara el control de la alma, sin percibir sentimientos de culpas ni de pecado. Es mejor sentirse “exento” y dueño de los propios actos realizados, pues así ya no existirán las fronteras entre el admisiblemente y el mal. Ahora solo reinaría el placer por el placer, sin rendirle cuentas a nadie.
Sin retención, el aprecio no puede ser una data, un calendario, una prueba de placer, un entregarse de buena a primera ni la amistad un pasarrato, mucho menos “un estar contigo aunque no esté de acuerdo con eso que estás haciendo”. Porque en el fondo, ningún de los dos, ni el aprecio ni la amistad pueden ser el capricho de dos personas o de varias, que como no le gusta lo que Jehová dejó establecido, se inventan una nueva forma de ver las cosas para acomodarlas a los intereses de cada quien, sin ningún querella de cero.
En palabra del filósofo francés, Gabriel Marcel, el aprecio es decirle al otro, “Tú no morirás”. Es registrar que los demás no son cosas ni objetos, sino personas valiosas y dignas de ser amadas. Que el otro no es un objeto sexual habitable las 24 horas del día. Y sobre la amistad, Aristóteles decía, que “es una alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos alma”. Pues, los amigos no son seres que solo llenan espacios en blanco, sino la segunda clan que nunca tuvimos. El aprecio no es un individualismo compartido, es una delicia que nos llena la vida, sin privación de inquirir otras cosas.






