La publicidad de la considerada “comida basura” -alta en azúcares, sal y grasas saturadas– estará en delante prohibida en el Reino Unido fuera de en horario noctívago, al entrar en vigor una ley con casi tres abriles de retraso tras duras negociaciones con la industria alimentaria.
La prohibición de publicitar estos artículos ‘insanos’ estará actual entre las 5.30 de la mañana y las 9 de la oscuridad en radiodifusión y televisióny durante todas las horas en las redes socialesaunque se mantendrán los anuncios y promociones en marquesinas de autobús o en escaparates.
El Gobierno inglés lleva más de tres abriles preparando el dominio para esta medida que búsqueda detener el problema de la obesidad inmaduroque según cifras oficiales afecta a uno de cada diez niños de entre 4 y 5 abriles y cuesta a la sanidad británica más de 11,000 millones de libras anuales.
Parquedad al sistema de vitalidad
Según las optimistas previsiones del Gobierno, solo la matanza de la publicidad sacará de la víveres inmaduro más de 7,000 millones de calorías y ayudará así a evitar 20,000 casos de obesidad entre los menores, generando un reducción de 2,000 millones de libras en las cuentas del National Health Service, el servicio de vitalidad conocido ya sometido a un gran estrés financiero.
El detención consumo de azúcares tiene otras consecuencias en la vitalidad inmaduro: uno de cada cinco niños menores de cinco abriles tienen problemas de caries.
La prohibición afecta a trece tipos distintos de alimentos, algunos más ‘obvios’, como el caso de:
- bebidas gaseosas, chocolatinas, galletas, pasteles industriales, helados o cereales de desayuno, así como otros más genéricos como pizzas, bocadillos y comidas preparadas, en cuyo caso se contará aquellos que reúnan dos de los tres peligros presentes: altos en grasas saturadasen azúcares o en sal.
El Gobierno ha dejado claro que la medida no va contra ninguna marca en concreto, sino que servirá como estímulo para que las compañías adapten sus productos a otros basados en “recetas más saludables”.
En su argumentario, el Gobierno ha destacado investigaciones médicas que supuestamente demuestran que la exposición a publicidad de comidas poco saludables afecta a lo que luego los niños ingieren “y configuran así sus preferencias alimentarias desde la más tierna momento”, incrementando los riesgos de sobrepeso y de una vida complicada por problemas de vitalidad.





