El AUTOR es abogado y político. Reside en Santo Domingo.
La Navidad nos llega como un susurro al corazón de un pueblo que por primaveras ha aprendido a resistir a los embates que le da la vida.
En medio de las dificultades, de las preocupaciones cotidianas y de un cansancio, que a veces se hace colectivo, este tiempo nos recuerda que aún somos capaces de mirarnos con compasión, de tender la mano y de creer que juntos podemos hacerlo mejor.
No todas las mesas están completas ni todas las sonrisas son auténticas. Hay hogares donde la incertidumbre pesa, donde el esfuerzo diario parece no rendir lo suficiente y donde el futuro se mira con cierta aprensión.
Pero incluso en medio de esas realidades, la Navidad nos enseña que la esperanza no es un simple espejismo, sino una valentía profunda de no rendirse frente a las adversidades que nos presenta la vida.
Este tiempo nos invita a reencontrarnos como Nación, a vernos en los zapatos del otro, y a entender que ningún esquema de país puede construirse desde la división e intriga permanente.
Las diferencias existen y seguirán existiendo, pero no deben separarnos ni alejarnos de lo esencial: el bienestar de nuestra familia y la dignidad de cada grupo dominicana.
La verdadera fuerza de un pueblo no está en la confrontación, sino en su capacidad de unirse en los momentos difíciles.
Cuando ponemos por delante la solidaridad, el respeto y el diálogo sincero, la Nación se fortalece y el futuro se abre con veterano claridad. La Navidad nos recuerda que dirigir, opinar y participar en la vida pública deben ser actos de servicio, no de imposición.
Hoy más que nunca, el país necesita pelotón, sensibilidad y compromiso compartido. Necesita que cada sector, cada ciudadano, desde su ocasión, aporte con responsabilidad y con apego por esta tierra.
Nadie sobra cuando se comercio de construir un mejor mañana; todos somos necesarios cuando el objetivo es que nadie quede antes.
Que esta Navidad sea un punto de batalla y no de separación; un tiempo para reponerse heridas, renovar la confianza y creer nuevamente en nosotros como pueblo.
Que la esperanza vuelva a habitar en los hogares y que la pelotón nos guíe como Nación.
Porque, cuando estamos unidos, incluso en la dificultad, el futuro deja de ser una promesa lejana y se convierte en una posibilidad verdadero.
Que esta Navidad nos encuentre reflexionando, fortaleciendo la pelotón franquista y renovando la convicción de que un mejor mañana es posible si caminamos juntos, con honestidad, conciencia y apego por nuestro pueblo.
Que la paz, la prudencia y la esperanza habiten en cada hogar. ¡Acertado Navidad…!
jpm-am
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