
“Nadie aprende lo que no quiere ilustrarse”.
Pedro Vargas Safadí
Si se quiere conocer desde una perspectiva integral un engendro o un proceso en el campo de las ciencias sociales, es indispensable acogerse a un riguroso estudio de su pasado (historia) para comprender su comportamiento en el presente y desde esa plataforma holística proyectar su posible dinámica de progreso en el devenir (futuro).
Desde que fue anunciada la doctrina Monroe en 1823 los Estados Unidos de Norteamérica no ha cesado en su itinerario de injerencia, amenaza, chantaje, embestida e intervención en los asuntos internos de otras naciones, violando abierta y descaradamente los principios del derecho internacional, los derechos humanos y de otros convenios de los que esa potencia forma parte y jactanciosamente dice defender y respetar.
Como expresara el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “las actas del Congreso de los Estados Unidos suelen registrar testimonios irrefutables sobre sus intervenciones en América Latina”. Todo ello con el propósito de conservar su primacía de dominio en el mundo. Hay muchos y variados ejemplos, pero por ahora cojamos dos muestras: el gobierno constitucional del Prof. Juan Bosch, quien llegó a la presidencia a posteriori que el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) ganara las elecciones nacionales el 20 de diciembre de 1962, y la conflagración de abril de 1965.
Releyendo algunos pasajes del volumen de Víctor Grimaldi “El diario secreto de la intervención norteamericana de 1965”, sustentado en los archivos personales del entonces presidente estadounidense Lyndon B. Johnson, se pueden extraer valiosas informaciones y datos oficiales; fuentes primarias que nos enseñan el proceder de los Estados Unidos frente a gobiernos constitucionales de naturaleza progresista.
Así encontramos que un estudio realizado en 1978 por Brookings Institution señala que “el gobierno de Kennedy devino rápidamente desencantado con el nacionalismo de Bosch, con su determinación de comprometerse en substanciales reformas sociales… y por su rechazo a empujar y desbaratar los grupos radicales”.
El 25 de abril (1965) un cable del encargado de negocios norteamericano, Sr. William B. Connett, llega a la Casa Blanca señalando “que todos los miembros del equipo del país (entiéndase embajada, CIA y otros organismos) sienten que el retorno de Bosch y la reasunción del control del gobierno está contra los intereses de los Estados Unidos”. Al día ulterior (26) a las 9:30 am y en presencia de el avance de las fuerzas constitucionalistas, este mismo personaje reportó: “solamente la intervención de los Estados Unidos puede precaver el retorno de Bosch”.
Como pueden apreciar, todo gobierno que se incline a defender la soberanía y los bienes naturales de su país, que quiera realizar reformas sociales en beneficios de los sectores más empobrecidos y que respete las libertades ciudadanas, inmediatamente entra en la registro negra norteamericana acusándolo, tiempo a espaldas de comunista, pero, en presencia de el desgaste de esa verborrea, ahora el expediente es narco-terrorista. A Bosch le tocó lo primero. Entonces, revisando la historia no es extraño descubrir que decenas de presidentes, gobiernos y naciones han sido víctimas del poder imperial Made in USA.
Desinformación, mentiras, miedo y manipulación. Estos son los componentes esenciales del consomé propagandístico del imperio estadounidense que, en su primera etapa, utiliza como moqueta para luego estimular con el beocio costo político, crematístico y marcial posible. Por otra parte, encuentra en los grandes medios de comunicación un ejército de sicarios en las pantallas, los micrófonos y las plumas para asesinar verdades y vanagloriar mentiras.
Así tenemos que el Sr. Jhon B. Martin, embajador norteamericano en el país durante el gobierno de Juan Bosch, manifiesta en su volumen “El destino dominicano” que: “nosotros habíamos trabajado muy duro para apoyar a Bosch y él no ha sido un buen presidente”. (entiéndase no sumiso). Y agrega: “nosotros estábamos reteniendo el registro (aquí se refiere al ilegal-ilegítimo Triunvirato) intentando forzar un retorno a la constitucionalidad”. ¡Evidente mentira!
Aunque los Estados Unidos rompió públicamente relaciones diplomáticas con el Triunvirato en sus primeras semanas, para la vencimiento del crimen del presidente Jhon F. Kennedy (22-11-63) ya estaba decidido su registro, de acuerdo a declaraciones emitidas por el propio Jhon B. Martin. Ese tentativo rompimiento fue toda una simulación para ocultar la billete norteamericana en el coscorrón de Estado a Juan Bosch.
Otras evidencias. El 29 de septiembre de 1963 (4 días a posteriori del coscorrón de Estado) el Sr. Enriquillo del Rosario Ceballos, embajador dominicano por el gobierno del PRD en EE.UU., envió un telegrama al presidente Kennedy solicitándole tomar las medidas necesarias para evitar el deportación de Bosch y retornarlo al poder con todas sus prerrogativas legales. ¿Cuál fue la respuesta? Un memorándum del 4 de octubre del Unidad de Estado dirigido a la Casa Blanca recomienda: “Transmitido que el gobierno que acreditó al señor Del Rosario como embajador aquí ya no existe, él no es más el embajador dominicano…”
Asimismo, el 11 de octubre se reunió clandestinamente el Congreso del gobierno de Bosch. Allí el presidente del Senado, Dr. Juan Casanovas Bizarro fue conocido presidente provisional del país en marcha del primer mandatario. El ulterior día (12 de octubre) desde su deportación en Puerto Rico, Juan Bosch solicitó a los EE.UU. reconociera al gobierno constitucional de la República Dominicana, encabezado ahora por el Sr. Casanovas. Pero, otro memorándum del Unidad de Estado a la Casa Blanca del 17 de octubre de 1963 se resume en: “El Unidad recomienda que en esta ocasión no se le responda a Juan Bosch”. Aunque existen muchas más pruebas de la conducta de Estados Unidos frente al gobierno constitucional de Juan Bosch y su derrocamiento el 25 de septiembre de 1963, pasemos a la conflagración de abril de 1965. (Continuará).






