La recuperación de Venezuela, basada en la modernización de su industria petrolera, puede ser beneficiosa para Colombia y dar pie a una suerte de “fenómeno crematístico”, dada la cercanía geográfica entre los dos países, afirma el avezado Sergio Cabrales, profesor de la Universidad de los Andes.
“Eso puede gestar un fenómeno crematístico para Colombia porque tenemos al costado un gran consumidor que tiene peculio”, asegura Cabrales, uno de los mayores conocedores del sector minero-energético regional, en una entrevista con EFE.
Cabrales recordó que en enero pasado Venezuela recibió de Estados Unidos los primeros US$500 millones, producto de la cesión de su petróleo, tras un acuerdo atrapado para comercializar el crudo, peculio que puede ser utilizado para comprar productos que el país caribeño necesita a posteriori de primaveras de crisis económica, y es ahí donde puede entrar Colombia.
“Venezuela ya tiene con que acreditar, le podemos entregar y no nos va a subsistir mal”, dice al memorar que en los últimos 20 primaveras varias empresas colombianas fueron expropiadas en ese país y a muchas exportadoras el Gobierno de Hugo Chávez (1999-2013) les quedó debiendo grandes sumas de peculio por la escasez de divisas, deuda que llegó a rondar los US$800 millones y que después se redujo a unos US$300 millones.
Alimentos y energía en la dietario comercial
En opinión del avezado, los cambios que empiezan a darse en Venezuela tras la captura de Nicolás Formado el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses, y su sustitución por Delcy Rodríguez como presidenta encargada, “abren una oportunidad no solamente en el sector de hidrocarburos, principalmente en el de gas (que Colombia podría importar a medio plazo), sino además en el sector energético y de alimentos”.
En ese sentido, Cabrales señala que el clan Nutresa, una multilatina de la industria de alimentos, “ya le está apuntando a Venezuela” con un plan de expansión en ese país, y sectores como el avícola, el cárnico e incluso el de la energía eléctrica pueden seguir el mismo camino.
“Por allá en los primaveras 90 Venezuela nos vendía energía eléctrica. Entonces, esas líneas de transmisión existen y hay forma de venderle electricidad. Y si Venezuela tiene plata por el petróleo, pues nos puede acreditar, esa sería la billete de Colombia en esa reactivación”, afirma.
El comercio doble superó en 2008 los US$7,000 millones pero con la crisis ese intercambio cayó hasta tocar un calle de US$222 millones en 2020.
La recuperación comenzó en 2022, cuando el coetáneo Gobierno colombiano reanudó las relaciones comerciales con ese país, y el año pasado las exportaciones a Venezuela superaron los US$1,000 millones, según la agencia estatal ProColombia.
Colombia tiene la preeminencia de que comparte con Venezuela una frontera de 2,219 kilómetros con pasos limítrofes perfectamente conectados con ciudades del interior, mientras que los otros dos lindes de ese país, con Brasil y Guyana, están situados en zonas selváticas de más difícil paso y alejadas de los centros de producción.
“Venezuela va a faltar todo: medicamentos, alimentos, energía, y qué mejor nosotros que la tenemos al costado y podemos producir”, señala Cabrales.






