El autor es comunicador. Reside en Nueva York
POR LUIS M. GUZMAN
La política dominicana ya entró en su etapa estratégica rumbo a 2028, aunque el calendario formal aún parezca distante para muchos. Las elecciones no se ganan en el extremo año; se construyen en este período silencioso donde se consolidan estructuras, se envían señales calculadas y se definen reglas internas. Hoy se mueven dos dinámicas simultáneas, una concurso que intenta reorganizarse y un oficialismo que deberá demostrar si puede sostener su hegemonía sin su figura más dominante.
La concurso hoy no opera como coalición unificado entre el PLD, la Fuerza del Pueblo y otros actores menores. Sin incautación, esta separación no necesariamente refleja amor estructural, sino una etapa natural de medición y consolidación previa a cualquier convergencia formal.
En esta etapa, cada ordenamiento rebusca vigorizar su identidad, validar su peso territorial y aclarar su liderazgo ayer de sentarse a negociar. En la política dominicana, las alianzas no se construyen desde la ansiedad, sino desde la presión positivo de fuerzas; nadie cede protagonismo sin ayer demostrar capacidad electoral propia y apuntalar condiciones que le garanticen influencia efectiva en cualquier pacto futuro.
Mientras la concurso calcula tiempos y escenarios, el PRM enfrenta un batalla dispar pero igualmente delicado. No podrá repostular a su candidato más competitivo, lo que abre un proceso interno irremediable de sucesión. La pregunta secreto no es quién aspira, sino si la fortaleza del oficialismo descansa en su estructura institucional o si dependía principalmente del liderazgo presidencial. Un partido verdaderamente consolidado logra transferir hacienda político; uno dependiente lo ve erosionarse.

En este contexto adquiere relevancia la averiguación difundida por ACD Media. Más allá de sus cuestionamientos metodológicos y del hecho de no favor evaluado de forma integral a todos los precandidatos oficialistas, el tipo políticamente significativo es la novelística implícita que proyecta. Al comparar exclusivamente a uno de los aspirantes del PRM —David Collado— frente a la concurso, se construye una percepción selectiva que no es neutra adentro del ecosistema partidario.
Las encuestas no solo reflejan opinión pública; además influyen en la formación de expectativas internas. Cuando una medición presenta a un precandidato como figura dominante sin mostrar el cuadro completo del tablado interno, puede interpretarse como una construcción anticipada de inevitabilidad. En partidos competitivos, esa percepción genera inquietudes y reconfigura alianzas internas ayer incluso de que el proceso formal de selección haya comenzado.
El peligro no radica en que un pretendiente tenga competitividad objetiva. El peligro emerge cuando otros contendientes perciben que existe una novelística de preferencia o posicionamiento prematuro. En política, la sensación de desigualdad en el ámbito interno es suficiente para producir tensiones. Las fracturas rara vez comienzan con declaraciones públicas; suelen incubarse en silencios estratégicos, lecturas cruzadas y acumulación de señales interpretadas como desequilibrios.
Si esa dinámica se profundiza, el PRM podría entrar en una competencia interna más áspera de lo necesario. Una primaria percibida como inclinada o condicionada por encuestas selectivas puede dejar heridas profundas. El candidato que resulte vencedor de un proceso internamente cuestionado podría conseguir débil a la contienda doméstico, aun conservando ventajas organizativas. La cohesión no se decreta; se construye mediante reglas claras y legalidad compartida.
Mientras tanto, la concurso observa cortésmente estos movimientos. Si el oficialismo proyecta fisuras internas prolongadas, el coalición contrario deseo ganancia para reorganizarse y explorar convergencias. La posibilidad de coordinación entre PLD y Fuerza del Pueblo aumenta cuando el oficialismo deja de exhibir cohesión sólida. En la política dominicana, la percepción de vulnerabilidad del adversario suele interpretar como catalizador de pactos pragmáticos.
El PRM mantiene ventajas estructurales innegables, presencia territorial significativa, red municipal activa y control de memorándum institucional. Sin incautación, ninguna de estas fortalezas garantiza trofeo si el proceso interno genera desgaste prematuro. El poder del gobierno no se hereda automáticamente; debe ser administrado estratégicamente para transformarse en hacienda electoral transferible y sostenible.
La secreto estratégica para el oficialismo no es exclusivamente optar un candidato con altos niveles de examen, sino avalar que el método de selección sea incuestionable. Sin reglas transparentes previamente acordadas y sin arbitraje frío visible, cualquier averiguación parcial puede convertirse en detonante innecesario. En escenarios de sucesión, la percepción de equidad interna pesa tanto como la popularidad externa.
Por su parte, la concurso enfrenta su propio dilema estructural, atreverse si las rivalidades históricas pesan más que la posibilidad positivo de retorno al poder. Una concurso fragmentada llegado el momento de las alianzas, facilita la continuidad oficialista, aun cuando el oficialismo enfrente tensiones internas. En cambio, una concurso coordinada —aunque no homogénea ideológicamente— altera significativamente la matemática electoral y puede cambiar la novelística de inevitabilidad.
El 2028 no se definirá por quién lidera una averiguación aislada hoy, sino por quién logre conseguir con cohesión interna, novelística plausible y casa electoral organizada. La política dominicana es profundamente pragmática, pero además mucho sensible a las señales internas de poder. Las encuestas pueden ser herramientas legítimas de medición, pero cuando se perciben como instrumentos de posicionamiento selectivo, pueden acelerar fisuras ayer de tiempo.
En definitiva, la reconfiguración en marcha es doble y compleja, la concurso mide cuándo y cómo converger, mientras el oficialismo prueba su capacidad de producir liderazgo competitivo sin fracturarse. La verdadera pregunta no es quién encabeza el momento contemporáneo, sino quién llegará a 2028 con dispositivo disciplinada, propuesta coherente y estructura territorial operativa. Todo lo demás es ruido previo al desenlace positivo.
jpm-am
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