Hoy en día, brincar a videojuegos se ha convertido en una habilidad habitual interiormente de las actividades de ocio de muchos niños y adolescentes. Es frecuente que los padres duden sobre la conveniencia de permitirles brincar a demanda, así como el tiempo advertido y en qué momentos.
¿Dejarlos brincar durante la semana o sólo el fin de semana? ¿Posteriormente de los deberes o antaño, para que no los haga deprisa y corriendo?
Incluso refieren lo complicado que es pelear con los argumentos de los menores: “si todos mis amigos juegan a este diversión, ¿por qué a mí no me dejáis?”.
A menudo, el miedo de los padres a que su hijo quede excluido del asociación hace que se sean más permisivos de lo que en sinceridad desearían respecto a los horarios y el tipo de diversión.
De este modo, empiezan a consentir que los videojuegos se vayan convirtiendo en un práctica, a pesar de que tengan el convencimiento o duden sobre si no sería mejor que jugaran a otras cosas, leyeran o salieran más de casa.
Así, progresivamente, si no se marcan límites, se va generando una suma. Es posible empezamos a observar un cambio en el carácter: “está más irritable”, “va más a la suya que antaño”,” parece que no le importa falta”, “cada vez que sale menos con amigos“.
Los videojuegos con más potencial adictivo son los juegos de rol en segmento. Son juegos multijugador en los que se realizan tareas en equipos, igualmente llamados cofradía.
Están diseñados utilizando técnicas psicológicas para que el participante pase el mayor tiempo conectado. Por ejemplo, el refuerzo intermitente propio de las cajas saco es el mismo mecanismo que el utilizado en las máquinas tragaperras.
El papel de los padres

Es importante, cuando vemos que nuestro hijo empieza a estar más tiempo jugandointentar respondernos a estas tres cuestiones:
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Ja perdido interés por actividades que antaño hacía (académicas, extraescolares, salir con amigoscolaborar en casa…)?
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¿Sabemos si le ha pasado alguna cosa en la vida “positivo” de la cual necesite distraerse? En este caso tendremos que realizar sobre la causa y, si es necesario, apañarse ayuda especializado.
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¿Se irrita con más frecuencia y pasa más de las cosas?
Posteriormente de reflexionar sobre estas preguntas, nos centraremos en dos conceptos esenciales que guían cómo nos posicionamos respecto a nuestros hijos: vínculo emocionable y autoridad (que no es lo mismo que el autoritarismo).
Lazos de confianza y autoridad
El vínculo emocionable hace remisión a los lazos de acto sexual que se establecen entre padres e hijos y que son la pulvínulo para originar confianza y bienestar. Hablamos de autoridad respecto a la responsabilidad de los padres para tomar todas las decisiones necesarias para el bienestar de sus hijos e hijas.
De hecho, la nación potestad otorga a los padres ese derecho. Ello implica establecer reglasexpectativas y límites y, al mismo tiempo, orientar y enseñar a los niños sobre comportamientos y títulos aceptables, así como protegerlos de lo que no les conviene.
Por otra parte, “la autoridad se tiene, no se apetito”, en palabras de un amigo mío profesor de adolescentes. Es poco intrínseco al papel de ser padrespara quienes es un derecho y un deber aplicarla.
¿Qué podemos hacer para ayudarlo a recuperar su bienestar?
El primer consejo es abastecer una conversación tranquilaincluyendo a otros miembros importantes de la tribu para él o ella. Debemos evitar juicios y podemos interesarnos por el diversión y compartir qué hemos observado (pérdida de intereses, cambio carácter, menos comunicación etc.).
Podemos proponer, con cariño y osadía, establecer unas normas y horarios de diversión que preserven los espacios familiares (hora desconexión incertidumbre, comidas juntos, tareas casa, etc.).
Incluso es útil proveer alternativas al diversión individuales y familiares, pueden incluir actividades con pantallas juntos.
Sabemos que a los hijos les importa la opinión que los padres y madres tienen sobre ellos, pero ¿qué pasa si no quiere escucharnos y sigue manteniendo la conducta de diversión?
Cuando no escuchan
Cuando no audición, será nuestra responsabilidad ayudar al pequeño activamente a desengancharse. Es importante rememorar el principio de autoridadpara evitar que el uso de videojuegos se convierta en una conducta adictiva con serias implicaciones para su vigor, tanto cognitiva como emocional, física y social.
Unos padres que acudían a nuestra consulta habían intentado todo tipo de estrategias para desenganchar a su hijo de 15 abriles de los videojuegos.
Hasta que un día, sacaron el ordenador de la habitación con buen humor y determinación y le dijeron: “el ordenador se ha ido de asueto”. Comentaron que fue el mejor verano de los últimos abriles.
El pequeño estuvo de pintar humor tres días, pero rápidamente observaron un cambio de carácter. Fue recuperando la empatía que aparentemente había perdido y retomando los intereses que había aparcado los últimos meses. Explicaron en consulta: “ya vuelve a ser él”, un comentario frecuente de padres que han pasado por procesos similares.
No obstante, debemos tener en cuenta que no siempre es posible, sobre todo, cuando observamos una subida a nivel de combatividad o cuando se ha intentado varias veces sin conseguir un cambio.
Asimismo debemos tener en cuenta que diversos trastornos de vigor mental como el TDAH oh TÉ pueden predisponer a originar una suma a videojuegos.
Será necesario, en estos casos, apañarse ayuda psicológica especializada para cobrar la orientación necesaria y poder aplicar las estrategias adecuadas para ayudarlo, cuanto antaño mejor.






