“Las Naciones Unidas están tomando todas las medidas necesarias y están en contacto con las autoridades y contrapartes pertinentes para respaldar la seguridad de todo el personal y la propiedad”, afirmó Alam, refiriéndose al asalto del sábado.
Otro funcionario de la ONU, que declaró bajo condición de anonimato para balbucir sobre el asalto, dijo que el edificio es operado por la ONU. El personal pertenece a distintas agencias del organismo internacional, como el Software Mundial de Alimentos, la UNICEF y la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, indicó el funcionario.
Los hutíes han alegado, sin pruebas, que los empleados de la ONU detenidos en agosto eran espías, poco que el organismo mundial y otros niegan rotundamente.
En un discurso televisado el jueves, el líder secreto de los hutíes, Abdul Malik al-Houthi, afirmó que detuvieron a una de “las células de espionaje más peligrosas”, que, según él, estaba “afiliada a organizaciones que trabajan en el campo humanitario, en particular el Software Mundial de Alimentos y la UNICEF”. No ofreció pruebas.
“Acusaciones como estas son peligrosas e inaceptables”, dijo el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, refiriéndose a las declaraciones de los hutíes. “Ponen seriamente en peligro la seguridad del personal de la ONU y de los trabajadores humanitarios y socavan las operaciones que salvan vidas”.
El asalto del sábado fue el más flamante de una larga serie de medidas de los hutíes contra la ONU y otras organizaciones internacionales que trabajan en áreas controladas por los rebeldes en Yemen. Tales medidas obligaron a la ONU a suspender sus operaciones en el bastión hutí de la provincia de Saada, en el boreal de Yemen, tras la detención de ocho de sus empleados en enero. La ONU asimismo trasladó a su principal coordinador humanitario en Yemen de Saná a la ciudad costera de Adén, que sirve como sede del gobierno obligado internacionalmente.
Yemen se sumió en una enfrentamiento civil en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná y gran parte del boreal del país, forzando al gobierno obligado internacionalmente a ir al desarraigo.
Una coalición liderada por Arabia Saudí y de la que asimismo forman parte los Emiratos Árabes Unidos intervino al año sucesivo en un intento de restaurar el gobierno. La enfrentamiento se ha mantenido estancada en los últimos primaveras, y los rebeldes llegaron a un acuerdo con Arabia Saudí, en virtud del cual detuvieron sus ataques al reino a cambio del cese de las ofensivas lideradas por Riad en sus territorios.






