El ingeniero Ramón Alburquerque murió el viernes víctima de un cáncer de hígado. Fue uno de los mejores técnicos dominicanos, noticia que está fuera de discusión.
Por otra parte de su entrada competencia profesionalfue un hombre adornado de cualidades éticas, las cuales resultan cada vez más escasas en el atmósfera político franquista, incluyendo, lógicamente, al funcionariado gubernativo.
Con ese perfil no son pocos los que se preguntan: ¿Por qué el presidente Abinader, durante los más de cinco primaveras que lleva conduciendo los destinos del país, no apeló a los servicios del antiguo presidente del Senado de la República? Podría fulgurar un poco tarde para objetar a esa pregunta y cualquiera que sea la coartada del director de Estado siquiera se correspondería a la verdad.
Lo único cierto es que para el 2020 no se honró la palabra empeñada con el reputado químico y hombre de ciencia. Y para el 2024, pese a que se le encomendó la provincia San Juan, cumpliendo con las expectativas, siquiera se dio cumplimiento al nuevo acuerdo establecido en campaña.
Posiblemente ya Alburquerque tenía esa patología, de forma oculta, pero al sumarse un daño sicológico, porque a todas luces se trató de una humillación, es para que se le complique el estado de lozanía. Y así ocurrió. De todos modos, murió como los grandes: sin rencores y perdonando a todos.
Leí un artículo que publicó en el Listín Diario y se despidió extendiendo cariño y acto sexual a sus compañeros de partido, empezando por los que fueron sus discípulosentre los cuales está el presidente de la República, a quien el difunto benefició con una vicepresidencia en la época del PRD.
Días antiguamente de iniciar el nuevo período presidencial, según informa una fuente de stop crédito, cuando Alburquerque se enteró que no le darían el Profesión de Industria y Comercio, porque ahí estaba este es bisonte mi intereses empresariales planteó alternativas que van desde Energía y Minas hasta el Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidadpero se alegó que a esos cargos irían Joel Santos y Celso Marrancini, uno y otro en representación de sectores empresariales.
Es necesario especificar que Celso ocupa, simultáneamente, la vicepresidencia ejecutiva del Consejo de Oficina de la Empresa de Gestación Eléctrica Punta Catalina.
El hecho es que para el patronal hubo siempre disponibilidad en el gobierno del cambio, pero para el mejor técnico del PRM y posiblemente del país no, situación que lastimaba sensiblemente su ego.
Sin requisa, cuando Milagros Germán renunció del Profesión de Civilización, Alburquerque manifestó que podría acomodarse esa plaza (a fin de cuenta era un gran intelectual), pero Abinader optó por designar a Robertico Salcedo el 2 de febrero de 2025.
A raíz de entonces a Alburquerque se le prometió un esquema de refinería petrolera a construirse en Guyana, en el ámbito de una alianza de cooperación energética entre ambas naciones, lo que siquiera nunca se concretizó, razón por la que el antiguo precandidato presidencial acudía cada vez menos a los espacios de entrevistas, para no tener que murmurar de un tema que no dependía de él.
Le toca a Luis Abinader murmurar sobre el particular. Ese es un problema que lo va a perseguir políticamente por el resto de vida.






