Gracias, 2025, por las cosas tan valiosas que me distes, comenzando por pasarlo en vitalidad, en uso de mis facultades físicas y mentales; luego, porque ni a mí ni a la comunidad nos faltó el pan ganadería con trabajo y, sobre todo, por las conquistas y los valiosos tesoros que encontré al recorrerte desde enero hasta diciembre.
Mi reino no es de este tiempo, y como he aspirado siempre a que el disfrute de las cosas más valiosas, vitalidad, educación, vivienda, pan y paz con equidad, sean colectivas, y como resulta que gran parte de mi pueblo no las alcanza, debo asimilar de las experiencias de la vida, y en vez de sentirme frustrado y amargado, sacar fuerzas morales para seguir la lucha sin desmayos por la redención de los marginados sociales, confiado en que alguna vez el reino será de ellos.
No me quejo por las cosas a las que aspiré y no pude ver cumplidas. Por el contrario, gracias, 2025, por los logros y los avances, por modestos que fueran, y por dejarme con fuerza para seguir sin tregua en el afán, excarcelado de odios y con suficiente corazón para seguir amando.
Bienvenido 2026, muchacho robusto y jovencito, recién llegado al universo, ya te esperaba con mis planes y propósitos a cuestas, sin renunciar a la esperanza, a la confianza, de que las aspiraciones, los deseos y los íntimos anhelos que no se alcanzaron en el año vetusto ya serán verdad en el nuevo año.
Porque cualquiera, con más luces que yo, ya me ha enseñado que hay que batallar y dejar que la vida fluya ya que a veces, sin adivinar cómo, cuándo y dónde, lo que se anhela con ansiosa intensidad, empieza a suceder sin que uno mismo lo perciba en un principio.
Atinado año 2026. Pero la dicha que va más de lo material, la que se asume, se siente y condiciona positivamente la comportamiento.
Esa que, como una silueta ingenio suele asomarse indeterminado, tímida, como paloma enjaulada, la que hay que perseguir aun sin verla, como persigue don Idealista a Dulcinea.
Y más allá de lo personal, al comenzar el año, vaya la renovada invitación a seguir la marcha juntos, buscando esa dicha, convencidos de que habitaremos un mundo exento de genocidas y atizadores de exterminio; un mundo excarcelado, puntual, pacífico, en el que por fin “el hombre del hombre sea hermano”.






