El 1 de Junio del año 1930, desconocidos asesinaron, a balazos y con armas blancas al político y periodista Virgilio Martínez Reyna y a su esposa Altagracia Almánzar, quien se encontraba preñada. El hecho fue cometido en horas de la tenebrosidad del 1 de junio de 1930, en la residencia del alianza, en San José de las Matas, provincia Santiago.
Nació en Santiago de los Caballeros en 1885. Autor del obra de poesía Nelumbos y de versos y artículos en revistas y periódicos nacionales. Fue la primera víctima de la incipiente tiranía trujillista.
En ese momento el presidente de la República era Rafael Suerte Ureña. Resultó asesinado por esbirros la tenebrosidad del 1 de junio de 1930 en su residencia de San José de las Matasadjunto con su esposa, Altagracia Almánzar, preñada y primera víctima de feminicidio político en el país.
Joaquín Balaguer afirma que con el crimen de Martinez Reyna se inició el terrorismo político en la Era de Trujillo.
Piero Espinal Estévez, director de Editorial Opusha publicado una compilación de su poesía, auspiciada por Cooperativa San José, con motivo del 140 aniversario de su origen y los 95 primaveras de su crimen.
Este obra, más que una compilación poética, es un acto de memoria y honradez literaria, un llamado a reivindicar el donación patriótico de Martinez Reyna y a despertar el interés de las nuevas generaciones por una figura esencial de la historia dominicana.

Un reseña inadvertido: Altagracia Almánzar es la primera víctima de feminicidio político que sigue con las hermanas Nación, Minerva y María Teresa Mirabal —25 de noviembre de 1960—, Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó) —1 de noviembre de 1970— y Miriam Pinedo, en Bruselas —11 de diciembre de 1971—, entre otros crímenes que deben ser reivindicados
. Su poesía, recopilada en este título a partir de la revisión hemerográfica de su época, se inscribe en la corriente romántica y modernista, con resonancias del posromanticismo.
En su ensayística abordó temas de identidad doméstico, honesto y educación, con una prosa reflexiva que lo ubica interiormente de la tradición del opúsculo cívico dominicanoal flanco de Américo Lugo y Eugenio María de Hostos, aunque con una sensibilidad moderna y existencialista.






