
La vida es un grande camino. En ese itinerario obligatorio, nos encontramos de todo y para todos en el trayecto de nuestro paso por este mundo. De aquí entonces, que habitar sea un menú de situaciones encontramos: algunas hermosas y otras dolorosas; momentos azules y grises, pero aún así, no deja de ser interesante y maravilloso respirar el flato que Altísimo nos ha permitido ver y tantear. Pero sabemos que cada ser humano debe lanzarse cómo mirar y transitar por esta humanidad. Es afirmar, nos pasamos la existencia maldiciendo o agradeciendo lo recibido, incluso aquello que nos resulta incomprensible.
La vida es agradecimiento, por eso quien agradece, se engrandece. Saco lo mejor de todo lo que le ocurre en su cotidianidad, ya lo expresa la frase: “Hay que buscarle el costado dulce, a las situaciones amargas”. En otras palabras, es necesario descubrir y redescubrir el formación que guardamano cada circunstancia que nos brinda la misma vida vivida y asumida, porque si hacemos de los lamentos y de las quejas un estilo personal, entonces perderemos fuerza y talante de seguir avanzando en nosotros palabras y proyectos.
El que agradece, se enriquece. Comienza a valorar y a confesar el valencia de los pequeños detalles que vamos encontrando en el día a día. Un ser humano agradecido, no deja acaecer ninguna sinceridad humana por insignificante que parezca para ver las manos de Altísimo, porque vive con los fanales abiertos y el corazón atento en las realidades humanas. Diferente al que se deja arrostrar por el realismo, los afanes de la vida y por las preocupaciones rutinarias en la que estamos sumergidos todos, que siempre tendrá una razón para expresar alguna sinceridad negativa.
El que no agradece, se empobrece. Inicia desapareciendo en la vida de los demás. Se va quedando solo en la humanidad. Sus amigos, familiares y conocidos, poco a poco se darán cuenta, que solo son importante en su vida, si aportan algún beneficio financiero o si son utilizables en alguna ocasión. Pero quien actúa de esta guisa, se va quedando fielmente eventual del resto de los seres humanos, porque la vida es don y gratuidad, en la vida interés. Quien pretenda desarrollar su satisfacción y su paz, aprovechándose siempre en la inocencia, la ingenuidad y la bondad de los demás, tarde o temprano, será descubierto y sucio.
En definitiva, cada quien decide por donde transitar en este mundo. Cada quien asume desde su corazón ser agradecido o quedarse empobrecido, no ser capaz de venerar la grandeza de Planeta Tierra que el demiurgo no has dejado. Pero claro, esto depende la conciencia y del sentido mismo que le vamos encontrando a las diferencias circunstancias y momentos que la propia existencia nos permita habitar y las conclusiones que sacamos de ellas. Luego, está en nuestras manos mirar al bóveda celeste y dar gracias, o quedarnos mirando cerca de debajo como si nadie tuviera razón de ser.






