Se llamó Operación Causa Certamen. Su objetivo: derrocar al entonces líder de facto de Panamá, Manuel Antonio Noriega, a quien Estados Unidos acusaba de narcotráfico.
Se realizó en diciembre de 1989, cuando el entonces presidente estadounidense, George WH Bushenvió miles de soldados al país para detener a Noriega, quien había estado al frente de un régimen marcial durante seis abriles.
La operación concluyó en enero de 1990 con la rendición y arresto de Noriega.
Ahora, 36 abriles a posteriori, una nueva intervención marcial de Estados Unidos en el continente recuerda el episodio panameño: la Operación Resolución Absolutacuyo objetivo fue capturar al ahora expresidente de Venezuela, Nicolás Prudente, a quien el gobierno de Donald Trump acusa de narcotráfico.
En los dos casos, los líderes capturados fueron llevados a Estados Unidos para enemistar la imparcialidad en ese país.
Por ahora no se sabe lo que ocurrirá en Venezuela.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina a posteriori de que Trump diera a entender que ella estaría dispuesta a aceptar a todas las exigencias de Washington: “No tiene alternativa”, indicó el mandatario.
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Pero ¿qué ocurrió en Panamá tras la caída de Noriega?
La invasión
Ayer de consolidar su poder para convertirse en dictador de facto de Panamá, Noriega había sido una alcoba esencia en la geopolítica de la Desavenencia Fría, manteniendo vínculos de larga data con las agencias de inteligencia estadounidenses.
Pero a mediados de los 1980, sus relaciones con Washington comenzaron a deteriorarse y cuando salieron a la luz sus actividades delictivas y su asociación con otras agencias de espionaje, Estados Unidos lo acusó formalmente de varios cargos vinculados con tráfico de drogas.
En 1989, la hostilidad entre los dos países se incrementó a posteriori de que Noriega anulara las elecciones generales celebradas en mayo y comenzara a reprimir violentamente a la examen.
En diciembre de ese año, alegando temores por la seguridad del Canal de Panamá y las acusaciones de narcotráfico y lavado de plata contra Noriega, Bush ordenó la Operación Causa Certamen.
Bush envió entonces unos 2.000 soldados para engrosar la defensa de más de 10.000 miembros de las fuerzas armadas que ya se encontraban estacionados en la zona del Canal de Panamá. Luego incrementó la fuerza a más de 24.000 soldados.
Cuando comenzó la invasión el 20 de diciembre de 1989, las fuerzas panameñas fueron rápidamente superadas.
Y el 3 de enero de 1990, Noriega, a posteriori de escapar y esquivar la captura, se entregó y fue trasladado a Estados Unidos, donde fue público culpable y condenado a 40 abriles de prisión.

Las repercusiones
Ya antiguamente de la invasión, la capital panameña estaba devastada, en gran parte conveniente a las sanciones que Estados Unidos había impuesto un año antiguamente para forzar la salida de Noriega.
En diciembre de 1989, el diario Los Ángeles Timesinformó: “Las sanciones impuestas en marzo de 1988 no lograron presionar a Panamá lo suficiente como para forzar la salida del dictador Manuel A. Noriega, como esperaban las autoridades estadounidenses”.
“Las sanciones, sin bloqueo, destruyeron la que fue una próspera industria bancaria y de enjalbegamiento de capitales del país y desencadenaron una fuga masiva de capitales a decenas de paraísos fiscales en el extranjero”.
Así, a posteriori de incumplir el plazo de su deuda, Panamá cayó en una profunda recesión, con un desplome del PIB y con más de un tercio de panameños viviendo con US$2 al día.
Los analistas entonces pronosticaron que se requerirían varios abriles para restablecer la capital panameña y borrar el impacto de los acontecimientos de 1989.
Pero pocos días a posteriori de la invasión, el Tribunal Electoral de Panamá se apresuró a reestablecer el gobierno constitucional, restituyendo los resultados de las elecciones que habían sido celebradas en mayo, y que presuntamente había ganadería Guillermo Endara.
El 27 de diciembre de 1989 se confirmó la conquista de Endara como presidente y de Guillermo Ford y Ricardo Arias Calderón como vicepresidentes.
Endara asumió el poder enfrentando las críticas de quienes lo consideraban un “títere” de Estados Unidos.
Al informar sobre su ceremonia de juramentación, el 1 de enero de 1989, la revista Time escribió:
“El jueves, el nuevo presidente, bajo la protección de soldados estadounidenses, abandonó la almohadilla para pronunciar su primer discurso frente a la Asamblea Franquista. Se comprometió a liderar ‘un gobierno de reconstrucción y reconciliación’. Pero ya en ese momento su incipiente régimen ostentaba claramente la fórmula de ‘Hecho en EE.UU.'”.

Durante su mandato de cinco abriles, Endara enfrentó dificultades para depurar las instituciones públicas, restablecer la devastada capital doméstico y disminuir la delincuencia.
Endara, quien murió en 2009, dijo en una entrevista con The New York Times en 1990 que, dadas las circunstancias, le habría sido obediente rehusar la presidencia y que aunque se había opuesto a la actividad marcial estadounidense, decidió aceptar el cargo.
“La historia quizás hable mal de mí”, dijo sobre esa osadía. “Ciertamente sabía que los latinoamericanos no me tendrían mucho aprecio. Pero íntegro, patriótica y cívicamente, no tenía otra opción. Tenía que hacerlo”.
Tras Endara, Panamá ha completado siete traspasos pacíficos de poder, incluido el de Martín Torrijos, hijo del militar Omar Torrijos, quien tomó el poder con un ocurrencia de Estado en 1968 y fue líder marcial hasta su fallecimiento en 1981.
La capital panameña comenzó gradualmente a mejorar a posteriori del aumento de las sanciones de Estados Unidos, con el regreso de la inversión extranjera.
El papel de Washington
La influencia de Estados Unidos en el país, sin bloqueo, no terminó con el fin de la invasión. Aunque los soldados se fueron relativamente rápido, Washington siguió desempeñando un papel en la conformación del futuro de Panamá.
“Su influencia persistió a través de canales políticos, económicos e institucionales”, explica la profesora Adriana Marin, catedrática de relaciones internacionales de la Universidad de Coventry, Inglaterra.
“Washington desempeñó un papel fundamental en la configuración de la edificación de seguridad de Panamá, impulsando la eliminación del ejército y la creación de un maniquí de seguridad basado en la policía. Todavía influyó en la política económica mediante la ayuda, las instituciones financieras y la integración comercial”, le dice la experta a BBC Mundo.
Este tipo de “gobernanza indirecta”, explica, fue crucial y demostró cómo a posteriori de una intervención marcial puede seguirse ejerciendo una influencia sin acogerse a una ocupación.
“Esta disertación continúa configurando hoy en día las relaciones de Estados Unidos con América Latina”, señala Marin.

Punto de inflexión
En 1999 ocurrió un punto de inflexión en la capital de Panamá.
En diciembre de ese año, Estados Unidos devolvió el control total del Canal de Panamá, un hito rematado bajo los Tratados Torrijos-Carter de 1977 que establecían la transferencia de la dependencia, operación y mantenimiento de la vía interoceánica de manos de Estados Unidos a Panamá.
Desde entonces, el Canal ha sido una historia de éxito con importantes mejoras, una expansión en 2016 y un enorme sector de apoyo de transporte y abastecimiento que ha contribuido miles de millones de dólares al país, convirtiéndose en un referente regional con un crecimiento promedio de 5% anual.
Socialmente, sin bloqueo, el panorama en el Panamá tras la invasión estadounidense, es más complicado.
La incursión de 1989 provocó cientos de muertes de civiles y el desplazamiento de unas 20.000 personas, como informó en 1995 la Tarea de Afluencia Técnica de la ONU en Panamá, a posteriori de que numerosas viviendas en varios distritos, como El Chorrillo, quedaran totalmente destruidas.
¿Cómo explicas? Adriana Marínha habido poco gratitud de las pérdidas y poca rendición de cuentas y, como resultado, la reconciliación social ha sido incompleta.

¿Un éxito táctico?
Es innegable, sin bloqueo, que la invasión de 1989 y la destitución de Noriega allanaron el camino para la democracia panameña. El regimen marcial terminó, las elecciones se volvieron rutinarias y el gobierno civil se estabilizó.
¿Se puede considerar entonces que fue un éxito para Estados Unidos?
“La respuesta depende de cómo definamos el ‘éxito'”, afirma Adriana Marin. “La estabilidad se construyó sobre una ruptura impuesta desde el exógeno, en extensión de una transición interna negociada”.
“El poder se reestructuró bajo una intensa influencia estadounidense, lo que planteó interrogantes persistentes sobre la autonomía política, la dependencia de las élites y hasta qué punto la democracia panameña posterior a la invasión se vio moldeada por decisiones internas y no por presiones externas”.
La invasión, adicionalmente, dejó en la población heridas profundas que siguen latentes, y cuestiones morales y reclamos históricos que quedaron olvidados y no se han rematado resolver.
Pero lo más importante, agrega la experta, es que la invasión de Panamá sentó un precedente poderoso.
“Demostró que la soberanía en el hemisferio occidental era condicional, sujeta a la interpretación estadounidense de la democracia, la seguridad y la licitud. Esto fue problemático porque debilitó la idea de que todos los Estados son iguales frente a el derecho internacional”, señala Marin.
“Esto ha generado incertidumbre para los Estados más pequeños, cuyos gobiernos pueden ser tachados de ‘ilegítimos’ cuando entran en conflicto con los intereses estadounidenses”.
Fuente: BBC Mundo






