En medio del flujo habitual de personas influyentesanuncios y tendencias fugaces, en las redes sociales comenzó a aparecer poco inesperado: cientos de fotos antiguas. Imágenes granuladas e hiperfiltradas de amigos y celebridades que parecían retornar a la vida de 2016.
Cuencos de açaí saturados de color, jeans ajustadosgargantillas negras y los filtros de Snapchat que añadían coronas de flores o valor de perro a los rostros.
Era la fue el viernesde Pokémon Ir y de los kits labiales de Kylie Jenneruna época que hoy regresa acompañada incluso de su pandilla sonora: “Lista Directa Bling” de Drake.
La propia Jenner reavivó la tendencia recientemente al imprimir en Instagram una foto suya de aquellos abriles, con el piel rosa pastel y una sudadera Supreme, contiguo a la frase: “Habría que estar ahí”.
A ella se sumaron figuras como Lena Dunham, Selena Gómez y Karlie Kloss, que compartieron imágenes similares, auténticos retrocesos que en 2016 habrían llevado el clásico #TBT.
Esta vistazo colectiva cerca de un pasado relativamente cercano es un ejemplo claro de la rapidez de la nostalgia e internet. Las tendencias y subculturas digitales surgen y desaparecen con tal celeridad que el panorama de hace escasamente unos abriles puede sentirse aparente.
La añoranza por 2016 igualmente se vincula con una obsesión cultural más amplia por el llamado optimismo millennial: la supuesta mentalidad de quienes alcanzaron la adultez en la plazo de 2010, cuando la música indie marcaba el pulso cultural, Instagram y Twitter aún se sentían novedosos y la idea de una pandemia total no formaba parte del imaginario colectivo.
Aunque este sentimiento es especialmente resistente entre los propios millennialsigualmente ha calado en la Concepción Zque recuerda poco de aquella etapa o llegó a ella en su tramo final. Al mismo tiempo, generaciones mayores suelen despellejar a los más jóvenes por percibir la vida con un exceso de optimismo.

A qué se debe
La tendencia puede parecer inocente, pero igualmente implica cierta “revisión histórica“, advierte Jessica Maddoxprofesora asociada de medios y estudios culturales en la Universidad de Georgia.
Maddox participó en este deporte melancólico compartiendo fotos de 2016 para mostrar a viejos amigos y a nuevos seguidores un capítulo esencia de su vida: ese año pasó meses con la mano enyesada tras una trascendental equimosis en el pulgar.
Aunque le resultó interesante presentar ese fragmento de su historia a personas que la conocieron posteriormenteno afirma desterrar ese período.
“La nostalgia siempre es complicada, porque creemos que al hacer o consumir poco vamos a advertir lo mismo que sentíamos entonces, y eso nunca ocurre“, explica.
La percepción de que 2016 fue una época más sencilla está estrechamente ligada a la forma en que se vivían las redes sociales.
Estas se sentían más cercanas a una comunidad efectivodonde era más probable que muchas personas siguieran las mismas historias, participaran en las mismas tendencias, como el desafío maniquí o el rosa milenarioy hablaran de los mismos programas de televisión imprescindibles.
El maquillaje era más traumatizado, las cámaras más granuladas y el estilo más maximalista, una estética que hoy comienza a reaparecer. “Estábamos menos en tilde, pero más juntos en los espacios en tilde“, señala Maddox.
Las dietas mediáticas igualmente eran distintas. No existía la sensación constante de estar bombardeados por malas noticiero ni la maña cotidiana del desplazamiento desolador. “Probablemente por eso se mira antes y se piensa que era más posible o mejor”, añade. “No se estaba tan involucrado ni tan permanentemente conectado como ahora”.
- Cuando se deje de desterrar 2016sostiene Maddox, en sinceridad se añora esa sensación de monocultivode tener espacios comunes donde reunirse en Internet.
Quizás lo más revelador de este alucinación digital al pasado sea la reacción que provoca en el presente. En un entorno online cada vez más caótico, cruel y polarizado, incluso una foto aparentemente inofensiva de 2016 puede ocasionar críticas y comentarios de mala fe.
“Falta puede suceder en Internet ahora sin convertirse en un tema de bandos. Falta puede simplemente ´ser´”, concluye Maddox. Y, paradójicamente, esa hostilidad creciente podría ser la razón principal por la que el retentiva de 2016 resulta hoy tan atractivo.






