El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) es la agencia federal encargada de hacer cumplir las leyes migratorias internamente del país, principalmente a través de detenciones, deportaciones y operativos contra personas sin status justo.
El organismo fue creado en 2003, tras los atentados del 11 de septiembre, como parte del Unidad de Seguridad Doméstico (DHS), y desde entonces ha sido uno de los entes más cuestionados por organizaciones de derechos humanos.
Las críticas al ICE se intensificaron durante la presidencia de Donald Trump, oportuno al aumento de redadas, deportaciones aceleradas y separación de familias, especialmente en comunidades latinas y migrantes.
En los últimos días, el organismo ha vuelto al centro de la polémica tras la homicidio de una mujer durante un activo en Mineápolis, hecho que desató protestas masivas en varias ciudades bajo consignas como “ICE out for Good” y “El ICE mata”.
Activistas y autoridades locales acusan a la agencia de uso excesivo de la fuerza y de efectuar sin suficiente supervisión, mientras que el Gobierno federal defiende su conducta como necesaria para respaldar la seguridad doméstico.
El debate sobre el rol del ICE sigue dividiendo a Estados Unidos, entre quienes piden su reforma o exterminio y quienes consideran que es secreto para el control migratorio del país.
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