En un planeta que produce suficiente comida para todos, 673 millones de personas viven con anhelo, según estimaciones recientes. Niños desnutridos, padres sin medios para avituallar a sus familias y comunidades enteras atrapadas en conflictos que les arrebatan el comunicación a los alimentos son parte de una efectividad que la humanidad aún no ha conseguido revertir.
Con estas duras cifras y múltiples desafíos, este miércoles se conmemora el Día Mundial de la Comida.
De acuerdo con la Ordenamiento de las Naciones Unidas (ONU), en 2024 más de 295 millones de personas en 53 países y territorios sufrieron niveles agudos de anheloun aumento de 13.7 millones con respecto al año preparatorio.
La prevalencia de la inseguridad alimentaria aguda afecta al 22,6% de la población evaluada, marcando el botellín año consecutivo en que este indicador se mantiene por encima del 20 %.
Irónicamente, mientras en algunos lugares la hambruna cobra vidas, en otros abunda el desperdicio.
La Ordenamiento de las Naciones Unidas para la Comida y la Agricultura (FAO) advierte que el aumento de los niveles de obesidad y la pérdida masiva de alimentos reflejan un sistema desequilibrado, donde la cantidad y la escasez coexisten, muchas veces flanco a flanco.
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La malnutrición pueril incluso alcanzó niveles alarmantes: casi 38 millones de niños menores de cinco primaveras sufrieron desnutrición aguda en 26 crisis nutricionales, entre ellas las de Lazada, Malí, Sudán y Yemen.
El anhelo se agrava con los desplazamientos forzosos.
Casi 95 millones de personas se vieron obligadas a dejarse llevar sus hogares en países que enfrentan crisis alimentarias, como la República Democrática del Congo, Colombia, Sudán y Siria, de un total mundial de 128 millones de desplazados, según el referencia de la ONU.
Entre las principales causas de la inseguridad alimentaria se encuentran los conflictos bélicos, los choques económicos -como la inflación y la devaluación de monedas- y los fenómenos climáticos extremos, como sequías e inundaciones.
¿Qué puedes hacer desde casa?
La FAO recuerda que todos tenemos un rol que aceptar.
“Se necesitan inversiones mayores y una cooperación más estrecha. Desde los gobiernos y las organizaciones internacionales hasta los agricultores, investigadores, empresas y consumidores, incluidos los jóvenes, todos tienen un papel que desempeñar en la transformación de los sistemas agroalimentarios”, señala la entidad.
Desde casa, se puede marcar la diferencia con pequeños gestos: nominar dietas saludables, aminorar el desperdicio de comida y cuidar los bienes naturales -como el agua, los suelos y la biodiversidad- que hacen posible la comestibles.
Encima, defender a quienes sufren anhelo, apoyar políticas sostenibles y mantenerse informados son formas simples de contribuir a un cambio necesario y urgente.
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