La partida física de la intérprete Ada Balcácer llega acompañada del dolor inherente a la asesinato de un ser humanamente de altos merecimientos, artísticamente de estándares únicos, pero estrechar su nuncio a eso es una iniquidad.
La maestra Ada Balcácer es un ejemplo en una cantidad de sentidos y orientaciones de un nivel tal, que no es reductible a una tabla de indicadores.
La intérprete Ada Balcácer, cuya obra la consagra como viva permanentemente, deja en galerías y diversos fondos personales y sociales, una obra abstracta, tropical, vinculada a la identidad, a lo afrodescendiente, con una fuerza que ese solo coeficiente sirve para tenerla en el pedestal más detención.
Pero ayer que sus cuadros está su vida. Procedente de un hogar humilde, se propuso ser una intérprete, comunicar con su arte y ningún obstáculo fue suficientemente resistente para impedirlo. Ni siquiera el hecho de activo perdido un padrino, situación traumática que a otras personas las habría estigmatizado y traumatizado.
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Ada se propuso ser ejemplo y estímulo, por lo que se ocupó de crear una fundación para apoyar mujeres artesanas, objetivo que consiguió con gran éxito.
Ada era su amplia sonrisa de mujer negra que tenía el optimismo como fuente para todo y todos. Quienes la conocimos en persona, quienes la escuchamos una y otra vez susurrar de su experiencia con la potenciación de mujeres vulnerables, supimos que era una mujer adelantada a su tiempo.
Mucha razón tuvo en 2017 el Centro Cultural Banreservas al designar con su nombre su sala de exposiciones, acto al que ella asistió, oportunidad en la que dijo: “No soy yo la merecedora de este honor. Para mí es un examen a la mujer dominicana que construye cada día el futuro con su arte o su artesanía creativa”.
Estéticamente, la importancia de la obra pictórica de Ada Balcácer radica en activo construido una imagen ética de la dominicanidad: socialmente consciente, racialmente inclusiva y gráficamente moderna. Su nuncio no solo amplió el repertorio temático del arte franquistasino que contribuyó a curar silencios históricos, ofreciendo una representación digna, bella y firme del pueblo dominicano en toda su complejidad.






