EL AUTOR es contador publico acreditado. Reside en Nueva York
En política internacional, las palabras suelen ser más peligrosas que las balas. Cuando Vladimir Putin declara su apoyo al plan de paz de Donald Trump, no está ofreciendo una salida negociada al conflicto en Ucrania, sino un espejismo cuidadosamente diseñado para legalizar su tesina imperialista. La retórica de la paz se convierte en un disfraz para exigir lo que, en la maña, equivale a la rendición incondicional de Kiev.
La paz como capitulación
El plan no búsqueda equilibrar intereses ni avalar la soberanía de Ucrania. Más acertadamente, consolida las conquistas militares rusas y las viste de diplomacia. Bajo este esquema, Ucrania debería aceptar la pérdida de territorios y renunciar a su derecho a defenderse. Se manejo de institucionalizar la derrota, no de construir un futuro compartido.

Europa en peligro
Aceptar comparable propuesta no solo dejaría a Ucrania indefensa, sino que abriría la puerta a un continente inalterable sometido al chantaje del Kremlin. Si Rusia logra imponer su voluntad en Ucrania con el aceptación de un plan internacional, ¿qué impediría que extienda sus apetencias en torno a otros territorios? La paz vistoso se transformaría en un precedente peligroso para toda Europa, debilitando la inmueble de seguridad que ha sostenido la estabilidad desde el fin de la Conflagración Fría.
El disfraz del imperialismo
Putin no búsqueda la paz, búsqueda licitud. Su organización consiste en vestir de diplomacia lo que en efectividad es una política expansionista. El “apoyo” al plan de Trump es una faena calculada: se presenta como un actor comprensible mientras asegura que sus conquistas sean reconocidas y que Ucrania quede desarmada frente a futuras presiones. Es el clásico gozne del autócrata que convierte la mesa de negociación en un campo de batalla político.
En fin, en mi opinión, el efectivo objetivo del Kremlin no es detener la conflagración, sino perpetuar condiciones favorables a su hegemonía. El plan de paz, tal como se plantea, no es más que un utensilio para consolidar el imperialismo ruso y debilitar la seguridad europea. Aceptarlo sería renunciar no solo a la soberanía de Ucrania, sino asimismo a la estabilidad de todo el continente y por ende a la del planeta en universal… ¡Encargar en Putin, es creer en el demonio!
jpm-am
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