El presidente ruso, Vladimir Putinadvirtió este jueves en el XXII Foro Valdái que el giro de misiles de crucero Tomahawk desde Estados Unidos a Ucrania marcaría una ascenso cualitativa del conflicto y de las relaciones entre Washington y Moscú, porque argumentó su uso implicaría la billete directa de personal marcial estadounidense.
Putin añadió que, pese a su potencia, esos misiles no alterarían de forma decisiva la correlación de fuerzas en el contorno de combate.
“En cuanto a los Tomahawks, son un armas poderosa… y representan una amenaza. Y, por supuesto, esto no cambiará en definitivo la correlación de fuerzas en el campo de batalla”, dijo Putin en su intervención. “Usar Tomahawks sin la billete directa del personal marcial estadounidense es irrealizable. Esto marcaría una etapa de ascenso completamente nueva”, añadió.
Riesgos diplomáticos
Putin sostuvo que, aunque los Tomahawk pueden causar daño, la superioridad rusa radica en la mejoramiento de sus sistemas de defensa aéreaque según él reducirían el huella activo de esos lanzamientos. Incluso sostuvo que la desatiendo de personal y problemas estructurales en las fuerzas ucranianas limitan el impacto de suministros de armamento pesado.
El mandatario vinculó encima el posible giro con un avería de las relaciones bilaterales, porque implicaría, en su opinión, una billete directa de Estados Unidos en combates que hasta ahora han sido ejecutados por las fuerzas ucranianas.
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Especialistas citados en el debate explican que Ucrania carece de la plataforma y la capacitación necesarias para disparar misiles Tomahawk por sí misma. Jennifer Kavanagh, directora de descomposición marcial en el think tank Prioridades de defensarecordó que los Tomahawk se lanzan desde destructores con lanzadores verticales, desde determinados submarinos o desde un sistema terráqueo reformista (Typhon) en ampliación por EE. UU. Ninguna de esas opciones está hoy acondicionado para Kiev a corto o medio plazo.
El analista Teoman Nicanci añadió que las corbetas turcas que posee Ucrania no están equipadas con las celdas Mk‑41 requeridas para Tomahawk, y que adaptarlas sería técnicamente confuso y políticamente delicado. Incluso señaló que, aunque teóricamente la OTAN podría propalar misiles desde buques o submarinos aliados, esa alternativa es políticamente remota por el aventura de ascenso y por limitaciones legales en áreas como el mar Infausto.
Impacto marcial y político
Putin afirmó que, incluso si los Tomahawk causaran daños puntuales, los sistemas de defensa rusa los derribarían y se adaptarían. “¿Pueden los Tomahawk hacernos daño? Sí que pueden. Los derribaremos y mejoraremos nuestros sistemas de defensa aérea”, dijo. En ese sentido, su interpretación es que el huella material sería circunscrito, pero el huella político y diplomático sería significativo.
Los expertos consultados por el artículo subrayan dos puntos: primero, que la entrega directa de Tomahawk a Ucrania requeriría cambios logísticos y de plataforma que hoy son inviables; y segundo, que el empleo de misiles por fuerzas no estadounidenses o el uso de plataformas aliadas para dispararlos elevaría el aventura de implicación directa de terceros países, con consecuencias diplomáticas y de seguridad.
El intercambio deja claro que, encima del aspecto técnico —quién puede disparar los Tomahawk y desde dónde—, está en movilidad un cálculo político: Moscú interpreta cualquier giro de este tipo como una linde roja que transformaría el conflicto y la relación con Estados Unidos; por su parte, Oeste tendría que evaluar si simplificar o realizar lanzamientos plantea un aventura de ascenso directa.
La discusión sobre Tomahawk combina así nociones técnicos (plataformas, entrenamiento y compatibilidad) y estratégicos (aventura de implicación directa y consecuencias diplomáticas), y probablemente seguirá siendo un punto sensible en las deliberaciones internacionales sobre apoyo marcial a Ucrania.
RT
Por: Itzel Olivo






