
Cada ser humano decide como conducirse. Es responsabilidad de las personas marcar la ruta, la dirección y el meta de sus decisiones. Pero esto no se logra de la incertidumbre a la mañana, siquiera es fruto de un deseo o de una varita mágica; conlleva todo un proceso humano y espiritual que se desarrolla en las diferentes circunstancias en las que estamos sumergidos todos. Por eso, la punto depende de las reflexiones asumidas y vividas con todo aquello que es necesario verificar para darse cuenta dónde estamos y en torno a dónde vamos…
En ese proceso de cambio de mentalidad, comportamiento y modo de observar las cosas, siempre tendrá que aparecer la prudencia, porque es la capacidad de comunicar los sentimientos, la verdad y las opiniones de lo que se vive, de una forma ecuánime. En otras palabras, el prudente es una persona ubicada, situada y que se limita a entender que a veces la comprensión del contexto es más importante que la verdad que se quiera defender. Pues, la verdad siempre debe ser fruto de un pensamiento crítico, soñador y con sentido altruista.
De igual modo, la prudencia además tiene que estar como fundamento de nuestra vida, porque estamos inmersos en un mundo sensible, violento y poco tolerante. A lo mejor, no siempre se podrá controlar todo lo que nos sale al frente, pero cuando sea posible, hay que comprender que en la sociedad que habitamos la inteligencia emocional no es opcional, todo lo contrario, es dinámico para alcanzar un maduro entendimiento de las limitaciones, situaciones y los complejos que viven las personas que nos rodean, las cuales son el resultado del contexto general, personal, y de una gran cantidad de experiencias encontradas a lo espacioso de la existencia, que moldean y confronta de lo que efectivamente estamos hechos emocional y humanamente.
La efectividad siempre nos va asistir sin que estemos preparados del todo, pero es de sabio conocer y explorar cuáles herramientas tenemos a nuestra disposición para enemistar y corregir nuestros errores con el transcurrir el tiempo, lo cual es diferente a quedarse con los brazos cruzados y conducirse en el mismo circulo vicioso de las equivocaciones.
Porque esto es lo que hacen las personas que actúan sin prudencia y que son sensibles, cometer las mismas faltas, una y otra vez, porque piensan que el mundo excursión en torno a sus ideas, pensamientos y palabras.
En definitiva, hay que retener designar el sendero que queremos transitar. Por un flanco, tenemos la prudencia, ese proceso de contextualizar nuestra vida en todos los sentidos, y del otro flanco, pretender que la vida nos dará todas las oportunidades necesarias para que las cosas cambien y sean mejores, sin que pongamos de nuestra parte. Son dos trayectos opuestos que llevan a resultados diferentes. En otras palabras, solo el tiempo nos dirá si fuimos prudentes o simplemente hombres y mujeres sensibles.







