EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Se requiere promover en este 2026 un amplio consenso político, financiero y social para reencausar la pertenencias en torno a estables senderos de crecimiento, estabilidad, fiscalidad, expansión, consolidación de servicios de salubridad, educación, agua potable, electricidad, vivienda, vialidad, empleo, probidad y saneamiento.
Es este el año básico para que Estado, gobierno, liderazgo político patronal y sociedad civil acuerden el diseño o consolidación de programas de expansión de mediano y liberal plazos, porque el año futuro y el 2028, es proponer, el corto plazo, están reservados a un desenfreno electoral coincidente con un difícil entorno foráneo.
He insistido en que la prevalencia de una relativa estabilidad macroeconómica ha sido por más de tres décadas fortín de la democracia y de la institucionalidad que pudo resistir a las crisis de 1990 y 94; el crack bancario de 2002-04, cuando la económica sufrió un traspié de -2% del PIB, y la crisis financiera general de 2008.
Si se vuelve inviable la autorización del Consejo Crematístico y Social (CES) como decorado de consenso sobre temas esenciales para impulsar el expansión y consolidar la institucionalidad, entonces debería apelarse a la pena de los ex presidentes de la República porque no hay más altares para el arbitraje político.
El flagelo de la corrupción, que se llevó por delante al aludido gobierno y que amenaza con desalojar de la misma guisa al flagrante equipo gobernador, debe encabezar los temas a ser abordados por el liderazgo franquista en este año, porque sin extirpar al peculado no podría consensuarse otras graves falencias.
Duele decirlo, pero los poderes públicos, clase política, patronal, gremios y sindicatos sufren severa crisis de reputación matizada en creciente desconfianza o crónico débito de credibilidad ciudadana en la mayoría de los actos que emanan desde sus instituciones, líderes o dirigentes.
Se admite que lo que aquí se plantea, de provechar este año para activar el diálogo político, financiero y social ayer de que suba la marea electoral, oscila entre lo muy difícil y lo quimérico, pero resulta predecible es que si no se logra consensuar para planes a mediano y liberal plazo, como lo referido al endeudamiento,, se erosionaría la gobernanza y estabilidad macroeconómica.
Si el gobierno se derrumba, la examen asumiría el control del poder político por la misma vía del voto popular, pero se correría el peligro de reimprimir mismos fracasos, tropiezos y frustraciones si en este mismo año no se arriban a acuerdos para afrontar males mayores con soluciones de mediano y liberal plazo. Al fin y al lugar, el interés franquista debería estar primero que el particular.
JPM
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