Santo Domingo.- Una tribu quedó devastada tras la crimen de Eloy Peña, quien perdió la vida aplastado por un derrumbe en una mina de Nigua. Su esposa, Alexandra Morván, y sus cuatro hijos enfrentan ahora el dolor de perder al pilar de su hogar.
Morván recuerda a su marido como un hombre trabajador, alegre y cariñoso, que amaba a los niños, a los animales y a su comunidad en Raíz Viejasector donde residían, en la provincia San Cristóbal.
“Mi marido era un hombre amable, muy cariñoso con todo el mundo. Amaba a los niños, a los animales, a sus vecinos. Era una persona muy buena”, dijo Alexandra, con la voz entrecortada.

Eloy Peña, de 55 abriles, era cámara de retroexcavadora, oficio que desempeñaba con pasión, aunque su esposa siempre vivía con preocupación por los riesgos que implicaba.
“Yo no dormía tranquila. Le decía que me sentía intranquila con él ahí”, confesó Morván.
Un sueño inconcluso
El fallecido tenía como meta terminar la casa que construían juntos para retirarse de la mina. Solo faltaban detalles de plomería y electricidad, cuya finalización estaba prevista para este mes.
“Él me prometió que cuando termináramos la casa iba a dejar ese trabajo. Me pidió solo dos semanas más. No pasaron”, recordó entre lágrimas.
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El hombre deja cuatro hijos, quienes lo adoraban profundamente. “Mis hijos lo querían más que a mí. Era un aprecio atún, un aprecio sano”, expresó su esposa.
Condiciones peligrosas y negligencia
Morván denunció que la mina carecía de condiciones mínimas de seguridad. Según ella, su marido no contaba con seguro médico ni con los equipos de protección necesarios, y no había personal encargado de custodiar el circunscripción para alertar frente a posibles derrumbes.
“Cuando va a caer un derrumbe, empieza a caer arena. Si hay algún vigilando, da la alerta y todos salen. Ese día no había nadie. Solo él y un camionero”, explicó.

Aunque Eloy Peña logró salir de la máquina donde trabajaba e intentó valer, fue atrapado por el derrumbe. Su cuerpo fue recuperado tras unas 13 horas de búsqueda. “Si no hubieran pasado tantas horas, quizás lo hubieran sacado con vida”, lamentó su esposa.
Morván reconoció la labranza posterior de organismos de socorro como Defensa Civil, Cruz Roja y Bomberos, pero criticó que la respuesta original fue tardía y que la descuido de supervisión contribuyó directamente a la tragedia.
No era la primera vez que Eloy enfrentaba derrumbes en su trabajo, pero siempre había rematado sobrevivir. “Esta vez no lo logró. La tercera fue la vencida”, señaló.
Con el corazón roto, Alexandra concluyó recordando a Eloy Peña como el hombre que la trataba como a su pupila y pidió que se haga rectitud: “Yo perdí el aprecio de mi vida por una negligencia. Espero que esto no quede impune y que se tomen medidas para que no le ocurra a nadie más”.






