HIGÜEY. En una sociedad que vive acelerada y exige productividad constante, muchas personas confunden la equivocación de energía con simple ignavia o desorganización. Sin retención, expertos en salubridad mental advierten que detrás de la procrastinación, ese rutina de posponer las tareas importantes, puede esconderse poco más profundo: el cansancio extremo, una señal de agotamiento físico y emocional que requiere atención. La procrastinación se ha vuelto un término global en el día a día. Estudiantes, empleados y profesionales reconocen caer en ella con frecuencia.
“Sé que debo hacerlo, pero no puedo”, es una frase que muchos repiten sin comprender que, en ocasiones, no se alcahuetería de equivocación de disciplina, sino de un cerebro saturado que escudriñamiento refrigerio. La psicóloga clínica y terapeuta frecuente Fabiola Del Orbe explicó a El Tiempo que la procrastinación no siempre es igual de flojera.
“Cuando una persona pospone constantemente sus responsabilidades, es necesario mirar más allá. Puede estar atravesando una etapa de estrés, ansiedad o un nivel de agotamiento tan detención que el cuerpo y la mente entran en una especie de cerco”, señaló. El cansancio extremo, igualmente conocido como trabajo crónica, puede afectar la concentración, el estado de talante y la motivación. Quienes lo padecen pueden pernoctar muchas horas y aun así sentirse sin fuerzas.
“No es que la concurrencia no quiera hacer las cosas, es que fielmente no puede. Hay un agotamiento existente, físico y emocional”, subrayó Del Orbe. La diferencia entre procrastinar y estar exhausto radica en el origen del problema. Mientras la primera se relaciona con hábitos o dificultades para organizar el tiempo, el segundo está vinculado a una sobrecarga que puede derivar en trastornos de ansiedad o depresión si no se aborda adecuadamente.
En este contexto, la diestro destaca la importancia de escuchar al cuerpo y no culparse. “Nos enseñaron que descansar es perder tiempo, pero el refrigerio igualmente es productividad. A veces no necesitamos más motivación, sino una pausa para recuperar energía y claridad mental”, comentó. Confesar los signos de agotamiento es el primer paso para evitar consecuencias mayores. Adormecerse aceptablemente, desconectarse de las pantallas, realizar actividades placenteras y, sobre todo, agenciárselas séquito psicológico, son acciones que pueden marcar la diferencia. El llamado de los expertos es claro: no todo lo que parece procrastinación lo es. A veces, el cuerpo simplemente está pidiendo auxilio y lo hace de la única forma que puede: deteniéndose.
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