El autor es politólogo y teólogo. Reside en Nueva York
Por: Javier Fuentes
En la memoria popular de los dominicanos aún resuenan los ecos de la lucha atrevido de los abriles 70 y 80. No era solo un espectáculo deportivo, sino un relato social cargado de símbolos. Jack Ponzoña representaba la flor del “técnico”, mientras Relámpago Hernández encarnaba al rudo que todo lo quería arrebatar.
Sin retención, hubo un tiempo en que el príncipe Sabú, siendo inicialmente de la cuadra buena, se pasó al edicto de los rudos. Aquella traición fue recordada porque, conexo a Relámpago, le dieron a Jack una de las palizas más sonadas de la época. En vez del lamento popular de “¡Jack ganó!”, lo que quedó fue la amarga estafa de “¡Jack perdió!”.
La política dominicana tiene poco de esa lucha atrevido. Hay bandos que aparentan ser irreconciliables, alianzas inesperadas, y traiciones que cambian el curso de la historia.
En este atmósfera, el PRM debe entender que no baste con tener la arnés presidencial ni dirigir el Estado. La novelística importa. El adversario construye relatos, pesquisa fracturas internas y aprovecha los errores de comunicación para desgastar la licitud del poder.
La paliza simbólica de la lucha atrevido es la misma que se puede acoger en política si no se actúa con inteligencia estratégica. Un profesor de comunicación estratégica solía enseñarnos que “no siempre apetencia el que tiene la razón, sino el que cuenta mejor la historia”.
En términos políticos, esto significa que las percepciones pueden más que las cifras. Un gobierno puede estrechar el crimen, estabilizar la bienes o digitalizar servicios, pero si no lo comunica con eficiencia, el adversario reescribirá la novelística.
El caso de Jack Ponzoña sirve de espejo: no bastaba con ser el héroe del pueblo, había que resistir los embates del relato contrario. Podemos rememorar: “yo soy un hombre de pelo en pecho, el hijo de mamá Tatica”. Y el otro flanco: Jajaja. Yo soy Relámpago Hernández el inteligencia del mal y Hugo Savinovich, me envió…(?) para destruir a Jack Ponzoña”
Ahora si pensamos en un universo de 100, el panorama dominicano puede dividirse en tres bloques: en torno a del 40% se abstiene, otro 30% es competición activa y un 30% apoya al gobierno.
La disputa electoral no se centra en los extremos, sino en los intermedios. Ese 30% que está apto para ser persuadido decide la conquista. Si el PRM concentra su logística en atacar tanto a Leonel Fernández como al PLD-Danilo, corre el aventura de dispersar fuerzas y dejar espacios libres para que el adversario encante al votante indeciso.
Encima de los dos opositores el gobierno y PRM, deben nominar a Danilo. Esto crearía una lucha a crimen entre FP-PLD, por un segundo circunscripción, donde uno y otro se desgarran y así evita el gobierno el ejemplo de la lucha atrevido.
El error
El error comunicacional de confrontar dos adversarios a la vez es como un gladiador que pretende derribar a dos rivales con un solo movimiento: termina rendido, expuesto y sin capacidad de resistir la contraofensiva.
La competición ha entendido mejor este circunscripción. Leonel Fernández, por ejemplo, ha acabado proyectar su discurso como alternativa de estabilidad, mientras el PLD-Danilo pesquisa reposicionarse con novelística de victimización. En uno y otro casos, el blanco global es el PRM y su mandato de gobierno.
El problema central no es la obra realizada, sino la desconexión entre gobierno, partido y ciudadanía. El presidente puede exhibir logros concretos —infraestructuras, programas sociales, digitalización—, pero si el partido no los traduce en un estilo político cercano, pierden impacto.
El PRM, un partido en construcción, convertido en maquinaria electoral, debe dejar de comportarse como espectador y contraer su rol de vocero y defensor clave del gobierno. De lo contrario, el costo narrativo lo pagará en las urnas.
Otro aspecto crítico es la segmentación de mensajes. No es lo mismo comunicar a la diáspora que al votante mozo del Gran Santo Domingo, ni al campesino del Cibao o las provincias del sur. Legado que las micción varían.
La comunicación estratégica no puede ser un block de información derecho; aunque sí coral, requiere precisión, conocimiento del zona y acoplamiento a las plataformas donde se encuentra cada manifiesto y las obras construidas.
En ese sentido, el PRM está obligado a articular una campaña de proximidad más allá de los actos oficiales y protocolares.
Los gobernadores, alcaldes provinciales y municipales. Los senadores, dirigentes y funcionarios del PRM, en sus demarcaciones deben iniciar su cruzada.
El silencio clave, cuando es prolongado, se convierte en complicidad con la novelística del adversario.
Los ataques mediáticos no pueden enfrentarse con notas de prensa despersonalizadas ni con reacciones tardes. La política moderna se libra en tiempo actual y en múltiples pantallas. Mientras el gobierno replica con tardío, la competición instala un tema en horas. Este desfase erosiona la credibilidad y multiplica la percepción de amor. Que es lo FP/PLD están haciendo.
Encima yo entiendo que el gobierno no se debe dejar tirar al zona contrario. Tiene los nociones necesarios para poner a la competición a la defensiva.
La lucha atrevido nos enseña que los héroes no siempre se levantan solos: dependen del respaldo de la cuadra, de la reacción de la cariño y de la capacidad de conectar emocionalmente con el manifiesto. De igual modo, el presidente no puede librar la batalla comunicacional ocasional. Necesita un PRM activo, disciplinado y consciente de que la política es, en esencia, una lucha por las emociones colectivas.
Quien conecta con el corazón del pueblo tiene la medio de la conquista asegurada.
En este contexto, la competición sabe que no tiene que triunfar de inmediato. Le baste con ir trabajando el desgaste.
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Cada moretón textual y retórico, deja un rumor, peligro en la novelística mal contestada, al punto de restar licitud al gobierno. Y si la almohadilla oficialista percibe desconexión o descuido, el peligro —para el partido— es la contención. En política, perder entusiasmo es tan pernicioso como perder votos.
Por eso, la cruzada comunicacional del PRM debe ser integral. No se comercio de improvisar respuestas, sino de articular un relato que unifique mandato de gobierno, identidad partidaria y liderazgo presidencial.
La historia debe contarse de guisa coherente, mostrando logros, reconociendo errores y planteando futuro. El relato no puede quedarse en el presente; debe inspirar confianza alrededor de el mañana.
Los ejemplos internacionales son claros. Gobiernos que han descuidado la comunicación estratégica, pese a buenos indicadores económicos, han terminado derrotados.
El votante no vota por cifras abstractas, sino por percepciones de bienestar y confianza.
En República Dominicana, la batalla electoral será, en gran medida, una batalla por el relato. Y quien logre instalar la traducción más posible y emocionalmente poderosa tendrá la preeminencia decisiva.
La vínculo con la lucha atrevido nos deja una advertencia. Jack Ponzoña perdió cuando lo golpearon no solo físicamente, sino narrativamente. El manifiesto, por primera vez, gritó “¡Jack perdió!”. Ese lamento no reflejaba una derrota técnica, sino simbólica. Lo mismo puede ocurrir con un partido de gobierno si no se protege su novelística.
El PRM debe lanzarse si permite que el pueblo repita ese coro, o si toma las riendas y transforma el relato a su atención.
En definitiva, el PRM enfrenta una batalla crucial. La comunicación estratégica no es un suplemento, es el centro de la política moderna. En tiempos de incertidumbre, la familia pesquisa certezas, líderes cercanos y partidos que sepan contar acertadamente su historia.
Si el PRM no inicia hoy su cruzada comunicacional urgente, corre el aventura de que, más temprano que tarde, el manifiesto que alguna vez gritó “¡PRM ganó!” termine, con desilusión, repitiendo el eco más doloroso de la lucha atrevido: “¡PRM perdió!”.
¡Estamos a tiempo del 2028!
JPM
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