EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Evidenciado al mayor que nuestra sociedad está enferma, con principios y títulos en crisis extrema, la estructura corrupto-criminal descubierta en SENASA no solo ha tocado la conciencia del colectivo doméstico, sino que, sorpresivamente, coloca al presidente Luis Abinader frente a la más difícil y dura prueba de su mandato de cinco primaveras y meses.
Le fallaron de nuevo al gobernador, como hicieran algunos ya fuera del tren oficial y lo hacen otros aún en los puestos ¿todavía?, pese a quejas y a algunos “ruidos”, todos inicialmente designados por cuotas político-partidarias. Le han dañado el discurso de transparencia y no corrupción.
El desengaño o ocurrencia emocional para el presidente y entorno general ha adecuado ser muy detención esta vez, porque algún cuasi de la casa traiciona la confianza depositada y, aun cuando no va a ser de nuevo candidato, sino casi seguro presidente de su partido al término del mandato, el caso SENASA y la impresión que va dejando lo hasta ahora descubierto le dejan un sabor muy amargo y un detención costo político en lo personal, pero igualmente para el PRM, de tamaño inmedible y de impredecibles consecuencias.
Salida del poder
Al punto de que, de la investigación montar al fondo y comprobarse verdad en la especie de que de esos pagos y contratos cuantiosos e irregulares por servicios no prestados a millones de personas desvalidas a las que se les negó la sanidad o se empujó a la homicidio salieron los fondos usados en la campaña del 2024, eso solo decretaría la pérdida de las elecciones y la consiguiente salida del poder del PRM, al termino del mandato de Abinader.
Un PRM hoy resentido, con desgaste y sin candidato válido definido debe hilar fino, comenzando por expurgar un poco el entorno de personajes dañados, de vivos y de hábiles que lo han penetrado, incluidos algunos empresarios e “independientes” de la sociedad civil. Por cierto, los aspirantes a suceder a Luis le han dejado solo con el tema y con la carga. Que sepamos, solo Guido ha donado la cara, pidiendo lo que los autores del criminal entramado merecen: funcionarios, clínicas y médicos, entre otros.
Los últimos, comprobada la desliz, deben ser inhabilitados de por vida. Porque inaugurar un corazón y colocarle un mecanismo a algún que no lo necesita, solo por pasta (¿), no tiene perdón. La Procuradora, que se juega la corsé, adelanta que va por una condena para todos los acusados. ¡Y ojalá! La sociedad, herida y burlada, le tomará la palabra. Aquí los jueces serán aposento esencia.
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