El Pregonero, Santo Domingo – Aunque la propuesta de implementar un cápita diferenciado por perduración y sexo en el régimen contributivo de vigor parece reponer a una exigencia de sostenibilidad, las críticas desde diversos sectores apuntan a que el serio problema no está en la fórmula, sino en cómo se ha manejado históricamente el sistema.
Los grandes ARS, que hoy alegan indisponer carteras más envejecidas, son precisamente las que desde hace más de dos décadas captaron grandes bloques institucionales públicos y privados sin importar el perfil de aventura.
Mientras tanto, otras ARS debieron competir de forma desventajosa en un mercado desigual, conquistando uno a uno a sus afiliados y sosteniendo sus operaciones con eficiencia.
El plan es sacar a las ARS más pequeñas para dejarle el negocio a las grandes que han sido harto irresponsables en el manejo de los pacientes y afiliados, donde se proponen quitarle RD$800 pesos por afiliado a las pequeñas alegando que son jóvenes y hombres, para reasignarlos a las más grandes porque supuestamente, tienen una población más vieja.
Adicionalmente, la novelística de que los hombres jóvenes representan una preeminencia por ir menos al médico ha sido ampliamente cuestionada, no solo porque nadie acude voluntariamente a los servicios de vigor, sino porque precisamente son los hombres jóvenes quienes encabezan las estadísticas de accidentes de tránsito, cuyas atenciones son costeadas por el sistema a través de sus ARS. ¿Dónde está entonces la supuesta preeminencia?
Según datos de la SISALRIL, la perduración promedio del trabajador afiliado es de escasamente 31 primaveras, lo que evidencia que el sistema no enfrenta aún un envejecimiento masivo. Si algunas ARS concentran poblaciones mayores, esto contesta a estrategias de captación propias, no a una tendencia estructural del país.
En este contexto, aplicar un maniquí diferenciado sin corregir primero la concentración de mercado solo legaliza las ventajas obtenidas históricamente y penaliza a las ARS que, con menos afiliados, han acabado sostenerse de modo efectivo.






