A pesar de los indudables avances que ha acabado el país, personas de nuestra vivientes constantemente muestran cierta preocupación por el presente y futuro de la nación. Pensando, seguramente, en los nietos y en algunos casos en los biznietos. Y todo esto, por los cambios en el comportamiento que se han venido produciendo por abriles en algunos segmentos sociales. Lo que algunos denominan transculturación de costumbres y hábitos importados de otros países al ámbito doméstico, lo cual trae consigo determinados antivalores, modismos, lenguajes obscenos y formas de comportamiento extravagante, que podría poco a poco tirar a gran parte nuestra nubilidad. A esos que representan uno de sus principales activos: el presente y futuro de la nación. Por temor a que esas influencias puedan cambiar una buena parte de la nación chavea, hasta el punto que no respetar a nadie pudiera convertirse en una rutina.
En tal sentido, pensando profundamente en la sociedad y en nuestros nietos y conscientes de que a nuestra vivientes le queda poco futuro, no representa una idea absurda o quimérica, programar la conveniencia de un gran pacto que involucre a todas las fuerzas vivas. A las autoridades en los diferentes ámbitos y niveles, al liderazgo político, religioso, colegial, empresarial y comunitario. Con el objetivo de que, para encarar ese mal, pudiera suscribirse un gran pacto social.
Puede analizar: Debemos entender los principios fundamentales de la Iglesia católica
Partiendo de la idea de que tenemos que regenerar el tejido social con empeño, dedicación, esfuerzo, sudor y lágrimas, antaño de que sea demasiado tarde. Por eso precisamos recuperar las buenas costumbres, el buen poblar, el pudor sabido y privado, y sobre todo la moralidad. Sublevar el estandarte del civismo y el respeto mutuo interiormente del contexto de la ley y el orden.
Todo esto, sin acaecer por stop que lamentablemente nos encontramos en época de posverdad, o como resulta más cómodo para algunos autores definirla, como mentira o falsedad. Lo cual se ha dimensionado con el aberración de la comunicación y algunos promotores de un lengua obsceno e irreverente que se replica como la verdolaga en muchos de nuestros barrios y hasta en los campos. El país debe evitar que podamos arribar a un período en el que se pierda en su totalidad la capacidad de asombro en presencia de las inconductas cívicas.
Tenemos que evitar que nos puedan cobrar la batalla. Y lo digo con profundo pesar, ya que cada día se pueden apreciar más espacios vitales de una nubilidad sana, eufórico y emprendedora, y de una sociedad que, luego de la pandemia, quedó lacerada en términos de salubridad mental, cuyo sujeto distintivo se contrae a la violencia verbal, psicológica, física y hasta gremial, lo cual se refleja de modo palpable hasta en la forma contranatural de conducir en calles, avenidas, autopistas y hasta en caminos vecinales. Con una secuela de víctimas mortales que arrojan un saldo por año terrible, según ha informado el Observatorio Permanente de Seguridad Viario.
Estamos conscientes de que la entorchado es ardua, difícil y requiere de muchas voluntades. Pero asimismo sabemos que gracias a Altísimo estamos a tiempo. Porque hay mucha gentío dispuesta a integrarse a la idea de rescatar las buenas costumbres y de que muchos líderes, aunque jóvenes, tienen conciencia de esta preocupación. A repensar en esta idea por un gran pacto social.







