Uno tras otro, estudiantes internacionales notificaron este verano a la Universidad de Central Missouri que no podían obtener una visa para ingresar a Estados Unidos. Muchos ni siquiera lograron conseguir una entrevista en los consulados, lo que redujo a la medio la matrícula de nuevos alumnos de posgrado en el semestre de otoño respecto al año pasado.
Este descenso ha maltrecho con fuerza las finanzas de la institución, una pequeña universidad pública con al punto que 65 millones de dólares en dotación y que depende en gran medida de los ingresos de este sector. Los estudiantes extranjeros representan casi una cuarta parte de sus matrículas.
“Cuando contamos con menos estudiantes extranjeros que aportan ingresos, se hace difícil subsidiar a los nacionales”, advirtió Roger Best, presidente de la universidad.
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Una intranquilidad franquista
La situación de Central Missouri refleja una tendencia que preocupa en todo el sistema educativo estadounidense. Universidades con presupuestos limitados y reincorporación dependencia de la matrícula internacional enfrentan un panorama incierto.
De acuerdo con un exploración de Prensa asociadamás de 100 instituciones —muchas de ellas pequeñas universidades cristianas— obtienen al menos el 20% de sus ingresos de estudiantes extranjeros. El lista además incluye grandes centros como Northeastern y Carnegie Mellon. Algunos estudios proyectan que la caída podría alcanzar hasta un 40% este otoño, lo que supondría un robusto impacto en la hacienda universitaria y en la estadounidense en común.
Endurecimiento migratorio bajo Trump
El presidente Donald Trump ha intensificado el control sobre los procesos de visado como parte de su memorándum de reforma educativa. Su gobierno revisa redes sociales de solicitantes, suspendió durante semanas las citas consulares y adoptó medidas contra estudiantes involucrados en acción directa propalestino.
El Sección de Seguridad Franquista, por otra parte, propuso demarcar el tiempo de permanencia de los alumnos en el país, lo que incrementó la incertidumbre en el sector.
“Estas políticas han creado una severa inestabilidad financiera para las universidades”, afirmó Justin Gest, profesor de política migratoria en la Universidad George Mason.
Los estudiantes internacionales, que no acceden a ayudas federales, suelen abonar la matrícula completa, entre dos y tres veces más reincorporación que la de los residentes locales en universidades públicas. “Un estudiante extranjero que paga 80.000 dólares al año le da a la institución la flexibilidad de ofrecer becas y tasas más bajas a los nacionales”, explicó Gest.
El caso de un estudiante sudanés
La experiencia de Ahmed Ahmed, un nuevo sudanés de 19 abriles becario en la Universidad de Rochester, ejemplifica los obstáculos. Aunque su visa había sido emitida ayer de las restricciones de junio —que incluyeron a 12 países, entre ellos Sudán— se le impidió invadir un revoloteo desde Uganda. Con apoyo de la oficina internacional de su universidad logró reprogramar su delirio y comenzar sus estudios de ingeniería eléctrica.
“Me siento apoyado aquí, pero además bajo tensión. Entiendo que otros estudiantes no quieran someterse a este exploración, sobre todo quienes pagan el costo completo”, relató. “Siento que lo he conseguido, pero que soy de los últimos en hacerlo”.
Ajustes drásticos en los campus
En presencia de la caída en las inscripciones, Central Missouri optó por diferir mejoras de infraestructura, recortar aumentos salariales y aplicar otras medidas de parquedad. En universidades más pequeñas, con menos de 5.000 alumnos, la vulnerabilidad es aún viejo.
Lee University, en Tennessee, proyecta una reducción cercana al 30% en su matrícula extranjera este año. “Como somos un campus de artes liberales más pequeño, la matrícula es nuestra principal fuente de ingresos”, señaló Roy Y. Chan, director de estudios de posgrado, quien recordó que la institución ha incrementado sus tasas un 20% en cinco abriles para compensar la caída común.
Un batalla a extenso plazo
Más allá de las políticas migratorias, el sistema universitario estadounidense enfrenta una tendencia demográfica adversa: la Comisión Interestatal Occidental para la Educación Superior proyecta que el número de graduados de secundaria caerá un 13% para 2041 en comparación con 2024.
“Si por otra parte pierdes a los estudiantes internacionales, la situación es todavía peor”, advirtió Dick Startz, profesor de hacienda en la Universidad de California, Santa Bárbara.
Mientras tanto, universidades privadas en todo el país han cerrado a un ritmo de dos por mes, según la Asociación Estatal de Directivos de Educación Superior, reflexiva de un maniquí cada vez más frágil que ahora se agrava por la reducción en las matrículas extranjeras.
AP
Por: Itzel Olivo






