
Jesús nace en el frío, en la soledad de la incertidumbre, en la oscuridad de la vida. Su Encarnado se efectúa, desde el punto de horizonte de la naturaleza, en el tiempo donde los árboles se quedan desnudos a causa del otoño y de la aparición del invierno. El Hijo del Rey del Universo, el primogénito de todo lo creado, en el Gloria y en la tierra, crece en la humildad, en un pequeño pueblo de Nazaret de Desorden, en un corral de animales.
Jehová nos sorprende a todos, nos deja sin palabras con sus acciones, y su método no es entendida por la nuestra. Pues, en presencia de el origen de Cristo, aparecen muchas preguntas que merecen respuestas: ¿cómo es que Jehová siento el Todopoderoso, permite que su propio Hijo nazca en la miseria?, ¿por qué no nació Jesús en un palacio efectivo o en una cuna de oro?, ¿a qué se debe la persecución que sus padres, María y José, tuvieron que morar a lo abundante de sus primeros primaveras de su principio?, ¿qué buscaba Jehová, cuando permitió que su Hijo naciera en la pobreza y no en la riqueza, como lo esperaban los judíos?
Las respuestas a esas preguntas anteriores se encuentran de guisa genérico en lo expresado en el vademécum del Isaías 55, 8 cuando el profeta afirma: “Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos”. En otras palabras, el plan de Jehová no depende de nuestros criterios humanos; no hay menester y siquiera debe serlo, de que Jesús tuviera que venir como nosotros lo imaginábamos. Adicionalmente, recordemos lo que dice la santa Teresa De Jesús: “Jehová escribe derecho con renglones torcidos”. Es proponer, es capaz de utilizar lo que humanamente es difícil o difícil de creer y hacer maravillas en presencia de nuestros fanales.
Ahora perfectamente, la gran enseñanza de todo esto es el hecho mismo de ver más allá de lo puramente observado desde lo material, y encauzar nuestra mente en lo sublime de Jehová. Pues, el gran valía del origen del Hijo de Jehová es evidentemente que teniéndolo todo, decida salir sin nulo y se someta a las leyes humanas, e incluso, todavía más, tomar la intrepidez de habitar en el pecado sin ser pecador.
Jehová ha cambiado nuestra método con su método de coito. Lo esperábamos con un espectáculo, anunciado con bombos y platillos, entre luces y fuegos artificiales, pero prefirió salir en el anonimato, sin vocear a la atención; fue esperado por unos pocos e ignorado por muchos. Sin confiscación, al final, nos ha enseñado a valorar lo mucho en su nulo, nos hizo ser agradecidos con lo que tenemos cuando se presentó en nuestro mundo carente de lo nuclear para morar. Por eso, con su pobreza, nos ha enriquecido; ha hecho que elevemos nuestras miradas al Gloria y seamos capaces de buscar que para tenerlo todo, hay que quedarse sin nulo, para luego encontrarse con Jehová, que es nuestro todo, en medio de nuestra nulo.





