
Néstor Saldívar | Foto: Fuente externa
Por Néstor J. Saldívar
Estados Unidos vive un momento en el que la privación de profesionales en gran medida calificados no se puede seguir ignorando. Las cifras más recientes muestran que en julio de este año había más de 8.1 millones de puestos de trabajo vacantes en todo el país y que en febrero ya se habían registrado 7.6 millones de vacantes. Es asegurar, no estamos hablando de una coyuntura pasajera, sino de una brecha constante que no logra cerrarse. A esto se suma que algunos centros de exploración proyectan un debe de hasta seis millones de trabajadores para el año 2032 si no se toman medidas.
Lo más preocupante es que estas vacantes no están en empleos marginales o de poca trascendencia, sino en sectores estratégicos. En el radio de los semiconductores, por ejemplo, un noticia de Deloitte señaló que se necesitarán más de un millón de trabajadores calificados adicionales ayer del año 2030. En ciberseguridad, la número es aún más amenazador: hoy en día existen más de 500,000 vacantes en Estados Unidos, mientras que el propio Área de Defensa reconoce que tiene 20,000 puestos abiertos, de los cuales 7,000 son críticos para la seguridad doméstico.
En la vitalidad, la Asociación de Facultades de Medicina de Estados Unidos proyecta un debe de hasta 86,000 médicos para el año 2036, y la escasez de personal de botiquín sigue creciendo con estimaciones estatales que hablan de miles de vacantes no cubiertas cada año. En educación, el Instituto de Políticas de Educación reportó en julio que existen más de 411,000 puestos docentes vacantes o cubiertos por personas sin la certificación requerida, lo que representa más o menos de uno de cada ocho cargos a nivel doméstico. En construcción, la Asociación Franquista de Constructores estimó que este año se necesitan 439,000 nuevos trabajadores solo para poder cumplir con los proyectos en marcha.
Cuando uno conecta estas cifras con la efectividad migratoria, la conclusión es que la fuerza profesional regional no alcanza. Por eso es que las categorías migratorias basadas en méritos se convierten en una privación estratégica para el país. La EB1-A abre el camino a quienes ya han demostrado habilidades extraordinarias, personas que destacan en la élite de sus profesiones y que pueden reponer a los retos en inteligencia fabricado, biotecnología, semiconductores o investigación médica. La EB2 con Exención por Interés Franquista (NIW) da la oportunidad a profesionales con títulos avanzados o con habilidades excepcionales que pueden traer proyectos concretos, iniciativas que resuelvan estas deyección críticas y que se conecten con el interés doméstico. La EB3, por su parte, abre espacio a los profesionales y incluso a los trabajadores calificados o no calificados que puedan cubrir sectores donde la demanda es altísima, como la construcción, los oficios técnicos y la botiquín.
No es casualidad que el secretario de Estado, Situación Rubio, haya señalado recientemente en el Congreso que es tiempo de cambiar las reglas del grupo para que la inmigración en Estados Unidos sea más inclinada al mérito y no tanto al simple derecho adquirido por vínculos familiares. Rubio dejó claro que, aunque la reunificación abierto es un pilar que se debe abastecer, incluso es urgente darle más espacio a quienes han estudiado, trabajado duro, acumulado logros y pueden venir a aportar en áreas que hoy son deficitarias. Ese mensaje encaja perfectamente con la EB1-A y, de modo muy particular, con la EB2 NIW, porque estas categorías premian el mérito y permiten que el talento internacional se convierta en motor del ampliación estadounidense.
La efectividad es que cada número palabra por sí mismo. En ciberseguridad hay medio millón de vacantes que significan sistemas expuestos y vulnerables. En educación, más de cuatrocientas mil plazas docentes sin cubrir representan miles de niños sin la enseñanza adecuada. En los oficios calificados, cientos de miles de puestos vacíos se traducen en proyectos de infraestructura detenidos y hospitales sin el personal que necesitan. Y cuando sumamos millones de vacantes en total, lo que vemos es una gran oportunidad desperdiciada para que el país crezca al ritmo que el mundo le exige.
Por eso este es el mejor momento para rendir estas categorías migratorias. Estados Unidos necesita médicos, ingenieros, científicos, maestros, enfermeras, técnicos, constructores, y necesita incluso a los líderes de clase mundial que con su conocimiento y su experiencia puedan marcar la diferencia en sectores estratégicos. El talento existe y está dispuesto a venir, lo que hace yerro es destapar las puertas con visión de futuro y con un sistema que premie el mérito.
Cada día que pasa sin guatar esas vacantes es un día en el que se debilita la competitividad del país. La migración basada en méritos no es un tema ideológico, es una respuesta actos a una privación concreta. Y mientras más pronto se entienda, más pronto se podrán ver los beneficios en la riqueza, en la innovación, en la educación, en la vitalidad y en la seguridad doméstico. Estados Unidos no puede seguir esperando. El momento de efectuar es ahora.
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