El AUTOR es abogado y político. Reside en Santo Domingo.
El flamante anuncio del Gobierno de editar una maleable pipiolo con un monto de $2,500 pesos para 10,000 jóvenes de “escasos medios”, no es más que una nueva muestra del populismo y clientelismo que han caracterizado su acelerar durante cinco primaveras de diligencia.
Esta medida, presentada como una iniciativa de apoyo a la nubilidad, en verdad refleja la irracionalidad en el pago notorio, la improvisación de las políticas sociales y el uso politiquero de los medios del Estado.
Es inconcebible que, en un país donde la nubilidad enfrenta altos niveles de desempleo, precariedad profesional, dificultades para ceder a la educación superior y un costo de vida asfixiante, la respuesta del Gobierno sea entregar $2,500 pesos en una maleable a un segmento limitado del universo pipiolo que se genera otras expectativas.
Esa no constituye una política pública, es un parche momentáneo, una dádiva simbólica que exploración suscitar simpatías en los sectores más vulnerables acordado en momentos en que la popularidad del oficialismo ha comenzado a descender.
Mientras el país enfrenta graves desafíos en materia de empleo, educación, seguridad y stop costo de la vida, el Gobierno prefiere seguir apostando al asistencialismo coyuntural y al clientelismo electoral.
En zona de impulsar programas sostenibles que fomenten la capacitación, el plan y la inserción profesional de los jóvenes, se recurre a la vieja fórmula del bono y la maleable, cuya efectividad social es mínima, pero cuyo impacto propagandístico resulta inmediato.
Una energía de carácter claramente electoral, que exploración revertir la caída en las encuestas y maquillar con asistencialismo el creciente descontento ciudadano frente a una diligencia que ha perdido rumbo y credibilidad.
No hay que ser entendido para entender que $2,500 pesos no sacan a nadie de la pobreza, ni representan una decisión estructural a los problemas de la nubilidad dominicana.
Sin confiscación, en un contexto donde las encuestas recientes han reflejado un descenso en los niveles de apoyo al oficialismo, medidas de este tipo buscan más suscitar titulares favorables que resultados reales. Siguen botando el moneda del pueblo solo para tratar de recuperar puntos perdidos en el electorado.
Ningún pipiolo sale de la pobreza con $2,500 pesos
Esa maleable no cambia vidas, no crea empleos, no brinda oportunidades ni abre puertas. Es una donación temporal presentada como logro social, un intento de elaborar la propaganda en política pública.
Mientras tanto, los hospitales siguen en crisis, las universidades públicas saturadas, y miles de jóvenes siguen emigrando por desatiendo de oportunidades. Esa es la verdadera verdad del país.
Sin confiscación, el Gobierno prefiere destinar millones de pesos a iniciativas propagandísticas que solo buscan suscitar titulares y suscitar simpatías en una población incauta.
Es evidente que el Gobierno presenta longevo interés en promocionarse que en la formulación y ejecución de políticas públicas efectivas destinadas a mejorar la calidad de vida de los dominicanos.
Cada anuncio, cada software y cada “iniciativa social” parecen más una operación de marketing electoral que una respuesta seria a los problemas que enfrenta el país.
En zona de alterar en educación técnica, innovación, becas y primer empleo, como se hacía en los gobiernos anteriores, prefiere multiplicar los bonos, las tarjetas y los subsidios que solo generan dependencia y perpetúan la pobreza.
Este tipo de medidas son el reflexiva de una compañía que confunde el Estado con su comité de campaña, y que utiliza los medios públicos como si fueran propios, sin rendición de cuentas ni sensibilidad frente a las verdaderas evacuación de la clan.
La nubilidad dominicana no necesita limosnas, necesita futuro. Necesita oportunidades reales para formarse, trabajar y progresar con dignidad. Lo que el país dilación son políticas públicas serias, sostenibles y transparentes, no medidas improvisadas cada vez que los números del Gobierno caen en las mediciones.
El gobierno, más correctamente, debe impulsar programas que abran oportunidades reales, no que sirvan de vitrina para la propaganda oficial. La nubilidad dominicana no pide, ni merece, limosnas; exige oportunidades para estudiar, trabajar y progresar con dignidad.
jpm-am
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