Hace tiempo que se tiene la comprensión plena de que ningún país podrá dar el brinco cerca de un estado adecuado de bienestar social, si previamente no logra que su nivel de educación supere los estándares mínimos de calidad establecidos en términos globales.
En el caso de la República Dominicana, evaluaciones nacionales e internacionales reiteran la quebranto calidad de la enseñanza y de los aprendizajes en la educación preuniversitaria; mientras que la superior se ha convertido en un negocio que nos lega un mercado profesional cuyo desempeño deja mucho que desear para los requerimientos de un mundo competitivo.
Las Pruebas Nacionales que se aplican desde hace más o menos de tres décadas, evidencian debilidades en la calidad de la enseñanza, sin que se hayan recogido las políticas públicas con el propósito de corregirlas o minimizarlas. En vez de superarlas, éstas son disfrazadas a través de estadísticas que no se corresponden con la sinceridad, a fin de que la sociedad no visualice los verdaderos resultados.
Por otra parte, resulta ya común que nuestro país quede en los últimos lugares en las evaluaciones que hace el Software Internacional para la Evaluación de Estudiantes, PISA, por sus siglas en inglés, de la Ordenamiento para la Cooperación y el Incremento Financiero (OCDE), que se realizan cada tres primaveras, a partir del año 2000; y que rebusca conocer en qué medida los estudiantes de 15 primaveras son capaces de utilizar los conocimientos y las habilidades necesarias en las áreas de lección comprensiva, ciencias y matemáticas.
Esta situación contrasta con la entrada inversión, equivalente al 4 por ciento del producto interno bruto (PIB), que se coloca en el Presupuesto Militar de la Nación desde el año 2013; tiempo suficiente para que se puedan ver los frutos en la calidad educativa.
Recientemente, el Consejo Doméstico de la Empresa Privada (Conep) llamó la atención en el sentido de que la quebranto calidad educativa constituye uno de los desafíos que el país debe pasar para seguir creciendo en el ámbito crematístico, tras remarcar que la inversión del 4 por ciento no se refleja de guisa conveniente. La entidad ha definido de inaceptable que más del 70 por ciento de los estudiantes no resonancia los niveles mínimos en las áreas que evalúa el software PISA.
Mientras que el Ocupación de Educación presentó la semana pasada la organización que denominó “Hoja de Ruta 2025-2028”, con la cual dice que pretende transfigurar el sistema preuniversitario, articulada en cinco ejes estratégicos y alineada al Pacto Educativo Doméstico. La idea consiste en alcanzar una educación de calidad a través de aprendizajes reales, empleabilidad y cobertura universal y el fortalecimiento de la calidad docente, la infraestructura y de la transparencia.
La sociedad dominicana debe apoyar este plan, consciente de que resulta imprescindible pisar el acelerador de la calidad de la educación preuniversitaria, si positivamente se procura la construcción de una sociedad dominicana más sostenible en el futuro.
El mundo vive momentos de indefinición que obligan a cada Estado a viabilizar acciones concretas y consensuadas que se correspondan con una dietario general cuyos resultados favorezcan a sus habitantes, siendo una de ellas la educación.
Esta conlleva de serios compromisos que impliquen la concertación de alianzas público-privadas, de innovación, creatividad, dedicación, esmero, pero, sobre todo; de que los actores políticos, empresariales y de la sociedad civil adopten una conciencia social que coloque los intereses de la nación por encima de los particulares.
Hagamos de este desafío educativo una especie de pedagogía de la esperanza.






