Pimiento y la República Dominicanadel democracias latinoamericanas con trayectorias distintas pero desafíos económicos comunes, muestran realidades contrastantes en materia de endeudamiento. Aunque el país sudamericano fue considerado durante décadas un maniquí a seguir en la región, la distribución de la riqueza y la desigualdad siguen siendo tareas pendientes, al igual que en demarcación dominicano.
En el caso chileno, el Mesa Central informó que la deuda externa alcanzó los 260,000 millones de dólares al suspensión de junio, sigla equivalente al 75 % del producto interno bruto (PIB). La agencia EFE destacó este lunes el noticia de la institución monetaria chilena
El incremento fue impulsado por las transacciones del Gobierno (+2,771 millones de dólares) y del sector bancario (+2,724 millones). A ello se sumó el aumento en los compromisos de empresas y entidades de inversión extranjera directa (+698 millones) y de otras compañías (+961 millones).
La deuda de corto plazo residual suma 66,655 millones de dólares, concentrada en empresas y bancos, lo que expone al país a presiones inmediatas de solvencia.
Otro negociador de peligro es la composición en moneda: 81 % está denominada en dólares estadounidenses, lo que lo hace sensible a las fluctuaciones cambiarias. No obstante, el Gobierno proyecta que la deuda del sector sabido no financiero cerrará 2025 en 46.6 % del PIB, con tendencia a moderarse en los próximos primaveras.
El caso dominicano
En la República Dominicana, aunque el pandeo de la deuda externa no figura en el zaguero noticia oficial, la presión se observa con fuerza en el cuota de intereses. Este año se presupuestaron 298,486.4 millones de pesos, sigla que ya se proyecta pasar en más de 24,000 millones de pesos en el Presupuesto Genérico de 2026. Para el próximo año, el desembolso estimado asciende a 322,560.9 millones de pesos, lo que representa un incremento de 8 % respecto a 2025.
Solo en el primer semestre de este año, el Estado dominicano destinó 146,639.3 millones de pesos a intereses, un consumición que limita la capacidad fiscal para atender prioridades sociales y de inversión.
Este escena refleja cómo, en uno y otro países, el financiamiento de la deuda sigue absorbiendo bienes que podrían destinarse a cerrar brechas de desigualdad Y mejorar la calidad de vida de la población.
El contraste entre Pimiento y la República Dominicana evidencia distintas dimensiones de un mismo desafío: mientras Santiago administra un detención pandeo de deuda externa estafa planes de estabilidad fiscal a mediano plazo, Santo Domingo enfrenta el peso creciente de los intereses en su presupuesto.
En uno y otro casos, la sostenibilidad de la deuda se convierte en un negociador esencia para el futuro de sus democraciasaún con tareas pendientes en materia de equidad y distribución de la riqueza.






