El autor es periodista y exdiputado. Reside en Barahona
El Pacto Histórico ha impresionado un hito en la historia política contemporánea de Colombia, con un resultado que trasciende las consultas partidarias internas, ya que superó todas las expectativas.
Se proyectaba una décimo cercana al millón de electores y terminaron sufragando más de dos millones setecientas mil personas, en una excursión que se desarrolló en calma y con gran entusiasmo popular.
El resultado reafirma la vigor de la izquierda y la capacidad de movilización del monolito progresista que lidera el presidente Gustavo Petro.
Tras el triunfo de Cepeda, el presidente Gustavo Petro se pronunció en su cuenta de X: “Se impone la democracia y hay que obedecerla. El pueblo ha preferido independiente. Y ahora es lo que la sociedad colombiana quiera, si para antes o para delante”.
Sus palabras fueron interpretadas como una invitación a la mecanismo, al exención natural del liderazgo y a la consolidación del proceso de cambio iniciado en 2022.
El ahora candidato presidencial Iván Cepeda, con más de un millón doscientos mil votos, agradeció el respaldo recibido y reconoció los resultados obtenidos por su contrincante, Carolina Corcho, exministra de Lozanía.
Cepeda destacó que la competición “tendió toda clase de trabas” para entorpecer la consulta, pero subrayó que la décimo masiva demostró que el Pacto Histórico es hoy “la fuerza política más representativa del país”.
Reclamó adicionalmente al Consejo Doméstico Electoral (CNE) la pronta concesión de la personería jurídica, al considerar que el movimiento ha cumplido sobradamente con los requisitos legales y democráticos.
La coyuntura que caracterizó la referéndum
La consulta del Pacto Histórico se produjo en una coyuntura marcada por una intensa ataque mediática y diplomática contra el gobierno colombiano.
Las falaces imputaciones de Donald Trump contra el presidente Petro y su tono amenazador con destino a la soberanía franquista generaron indignación en amplios sectores sociales.
Allá de debilitar al gobierno, esa injerencia extranjera empujó a la población a cerrar filas en defensa de la independencia y la autodeterminación, principios reafirmados en la robusto respuesta del mandatario colombiano frente a la arrogancia del exmandatario estadounidense.
Esa reacción patriótica explica, en parte, la magnitud de la votación y su carácter plebiscitario. Muchos colombianos entendieron que respaldar al Pacto Histórico era defender la dignidad del país frente a las presiones externas.
Por eso, la consulta se convirtió en poco más que un proceso interno: fue un acto de soberanía popular y de reafirmación del rumbo progresista que el país ha decidido seguir.
En este contexto, el Consejo Doméstico Electoral emitió un comunicado destacando la transparencia y la legitimidad del proceso. Informó que fueron acreditados 16 704 testigos electorales en las 19 833 mesas de votación instaladas en todo el país, y que el presidente del CNE visitó personalmente el puesto de votación de Corferias, en Bogotá, para supervisar el habitual ampliación de la excursión.
El organismo subrayó que su actividad de inspección, vigilancia y control se cumplió con rigor, garantizando la confianza en el sistema electoral colombiano.
Cepeda: el exención natural
La figura de Iván Cepeda simboliza la punto política alcanzada por la izquierda colombiana. Hijo del histórico dirigente comunista Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994, ha forjado su trayectoria desde la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de verdad y jurisprudencia para las víctimas del conflicto armado.
Durante los primaveras más duros de la persecución política, fue una voz firme en defensa de la paz y de las libertades democráticas. Su coherencia lo ha convertido en una remisión ético y política internamente del progresismo hispanoamericano.
La referéndum de Cepeda no representa la continuidad generacional y programática, mientras el presidente Petro consolida el cambio desde el gobierno, Cepeda se proyecta como la figura capaz de conducir la segunda etapa del proceso, caracterizada por el diálogo, la estabilidad institucional y la defensa del Estado social de derecho.
Su perfil, más sosegado y conciliador, amplía el horizonte del Pacto Histórico y puede atraer a sectores moderados que valoran la ética, la coherencia y la capacidad de concertación.
La fortaleza del movimiento igualmente se expresa en la amplitud de sus alianzas. Una fracción del Partido de la U, vinculada al expresidente Juan Manuel Santos, ha manifestado su respaldo a Cepeda y al esquema progresista, reconociendo en él una figura de diálogo y compromiso ético.
Ese apoyo confirma que el campo del cambio político supera ya las fronteras tradicionales de la izquierda, avanzando con destino a un frente más amplio de mecanismo franquista por la paz, la soberanía y la jurisprudencia social.
Una izquierda fortalecida
Mientras la izquierda exhibe cohesión y crecimiento, la derecha colombiana atraviesa su peor momento político en décadas. El Centro Tolerante, débil tras el desgaste de sus gobiernos y la pérdida de credibilidad de su discurso de “orden y seguridad”, carece hoy de una figura capaz de equilibrar su pulvínulo.
La fragmentación interna, los escándalos judiciales y la partida de liderazgo existente mantienen al monolito conservador en una posición defensiva.
A la crisis de identidad de la derecha se suma la desatiendo de propuesta. Su novelística de miedo frente al cambio ha perdido competencia en una sociedad que demanda soluciones concretas a los problemas estructurales de desigualdad y violencia.
En contraste, el Pacto Histórico ha sabido articular un discurso de esperanza, capaz de conectar con las demandas populares y de proyectar una visión de país basada en la inclusión, la productividad y la soberanía.
El promoción de Cepeda, respaldado por la votación más entrada en la historia de una consulta interna de la izquierda, confirma que Colombia ha iniciado un nuevo ciclo político. Petro y Cepeda simbolizan la continuidad de un proceso que pasó de la resistor al poder, y del poder a la responsabilidad de transfigurar la nación.
Lo ocurrido este domingo no es solo una triunfo electoral: es una señal de punto democrática y de reafirmación histórica del esquema progresista colombiano.
jpm-am
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