Miguel Atractivo Rodríguez Mackay
| excanciller de Perú e internacionalista
Al lengua de 18 primaveras de ser formulada de modo comprehensiva y ecuménica –por eso fue presentada a la ONU, el decano foro político del planeta–, el plan ha justo una respuesta mucho positiva de la comunidad internacional, al ser valorada en esencia por su extraordinaria dimensión pacífica e inclusiva –de ningún modo sería impuesta por Rabat–, siendo ampliamente reconocida como una propuesta partidista realista, seria y probable, y cuya alternativa será la consecuencia de una negociación política mutuamente aceptable como correctamente lo ha subrayado Marruecos.
Esa es la nigromancia, a mi querella, que explica las adhesiones o respaldos unilaterales a la propuesta de autonomía marroquí, la misma que ha venido siguiendo un decurso de imparables apoyos que podríamos clasificar, sucesivamente, de ser progresivos, crecientes y abrumadores, por parte de los Estados miembros de la ONU, y que yo diría que son como una avalancha de manifestaciones soberanas de cierra filas con una iniciativa del reino marroquí que, por su propia naturaleza constitutiva, otorga gobierno burócrata para las poblaciones saharauis, dejando en manos del Reino, como corresponde, la soberanía sobre el Sáhara Occidental, que es el único proscenio posible para conservar impoluta la integridad territorial de Marruecos.
Nuestra diplomacia sabe de memoria qué significa políticamente para el Perú, mirando su vida internacional el referido empoderamiento de la propuesta de autonomía marroquí, por lo que, no puede darse el opulencia de dejar acontecer a las circunstancias de coyuntura y a la oportunidad, como perfectas premisas para una ecuación de proyección internacional peruana exitosa, el hecho de que el Reino Unido se haya sumado a Estados Unidos de América y a Francia, países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, de respaldar a Marruecos en su iniciativa y en el registro de su soberanía sobre el Sáhara como ha pasado con Washington y París.
Perú ha cedido el primer paso al suspender sus relaciones con la inexistente autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática” y esta sola medida califica sobradamente para que nuestro país siga los pasos de tres potencias mundiales, pero todavía para que no pierda el compás de Brasil, Ecuador, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, etc., todavía plegados a la propuesta de autonomía.
Si el ministro Schialer ha anunciado que Perú defenderá la relación de las 200 millas de soberanía y demarcación –ojo no es mar territorial de 200 millas– en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, en Niza, poniendo al país a tono con la abrumadora adhesión a la Convemar, entonces, del mismo modo, calzará como anillo al dedo que Perú lo haga sumándose al mayoritario apoyo mundial a la iniciativa de autonomía sobre el Sáhara marroquí.
¡Ganaremos mucho, internacionalmente!






