
Es difícil en estos tiempos en los que vivimos no entender qué es el estrés. Hay muchas formas de definirlo, pero encontré una vez una respuesta que me pareció formidable y realizable de hacerse cargo. El estrés es el exceso del presente. Es sostener, que querer tener todo resuelto, y cuando el cerebro observa que queremos resolverlo todo a la maduro brevedad posible, entonces aparece el caos en nuestra mente, dando como resultado un agobio, una frustración personal y un desespero que causa dolor de cabecera, pérdida de actitud y agotamiento físico.
Todos hemos tenido estrés en esta vida. Se puede sostener que existe un estrés natural, que lo podemos fijar como aquel que sentimos cuando tenemos deposición de cumplir ciertas metas y situaciones que nos salen al frente. Tales como: avalar la casa, terminar la carrera, tener una clan, comprar un carro o un piso. En fin, todo lo que observamos en nuestro diario comportarse forma parte de nuestro proceso de ir dándole respuesta a lo que buscamos y anhelamos. Pero, cuando las preocupaciones se vuelven agobio excesivo, llevando al ser humano a una confusión existencial elevada, y provocan en él pensamientos de derrota y sentimientos de desesperación, entonces el estrés ha cruzado la radio de lo natural.
Por eso hoy se acento mucho de priorizar; declarar la diferencia entre lo importante y lo urgente. Cuando no logramos hacer un movimiento entre estas dimensiones humanas, entonces el estrés se vuelve un distres, es sostener, un estrés película y puede provocar algunas veces el pensamiento del suicidio, el deseo de quitarse de este mundo, no solo por sentirse incapaz de resolver los dilemas humanos, sino por pensar que los demás tienen su vida resuelta y que los únicos que tenemos esa situación somos nosotros.
Ahora adecuadamente, si vamos al internet, a la inteligencia químico, encontraremos muchas opciones para salir del estrés, sin requisa, como posibilidad realista y directa, hoy se acento mucho del eustrés, que no es más que tomar todas las situaciones que nos abruman como una oportunidad para utilizarla a crédito, nunca en otra. En otras palabras, es entender que lo mismo que nos agobia puede convertirse en una ocasión perfecta para sacarle provecho a nuestros talentos y capacidades. De modo que, cuando utilizamos lo que nos atrasa como utensilio para impulsar y sacar lo mejor de nosotros, ponemos en maña la expresión: “hay que buscarle el banda dulce a las situaciones humanas”.
En definitiva, para el estrés apliquemos eustrés. Pasemos de la preocupación a la ocupación, coloquemos cada cosa en su sitio y seamos capaces de hacer una parada existencial para hacernos las siguientes preguntas: ¿estas preocupaciones me quitan o me suman?, ¿vale la pena estresarse tanto?, ¿de dónde nace mi estrés? Luego de reponer estas preguntas miremos de modo detenida un cronómetro por un minuto y de seguro nos daremos cuenta, que el mundo continúa su curso a pesar de que estemos fijos en las manecillas, y esta simple observación hará que nos demos cuenta que todo tiene su tiempo y que el estrés es una etapa, no una vida.






