peligrosa indiferencia frente a la crisis multilateral

Por Marcelo Halperín

El gobierno de Donald Trump decretó el fin del orden multilateral crematístico. Lo hizo, en la praxis, mediante la acogida de restricciones comerciales arbitrarias y discriminatorias ciudad y el mundo. Con este arbitrio ha rematado la concertación de acuerdos precarios con distintos países mientras continúa difundiendo mensajes extorsivos.

Jamieson Greer, que ocupa el cargo de representante comercial de Estados Unidos, reivindicó, en una nota publicada por el New York Times el pasado 7 de agosto, la pretensión de su gobierno para erigirse en el árbitro supremo de las relaciones económicas internacionales empleando expresiones como la futuro: “En circunstancia del prolongado proceso de resolución de disputas que favorece la vieja protección de burócratas comerciales, el nuevo enfoque estadounidense consiste en supervisar de cerca la implementación de los acuerdos y, si fuera necesario, reimponer rápidamente un impuesto más parada por incumplimiento…”

Acerca de la viabilidad de parecido postura, conviene advertir, en primer circunstancia, que, por una razón sistémica, la imposición norteamericana difícilmente pueda prosperar a mediano plazo. En segundo circunstancia, los países en progreso deberían adoptar posiciones afines a sus intereses estructurales previendo una etapa – —plagada de dificultades— durante la cual se procurará reconstituir el sistema crematístico internacional sobre nuevos fundamentos.

¿Por qué se desmorona el contemporáneo multilateralismo crematístico?

Desde la segunda posguerra, en la medida que el sistema capitalista fue adquiriendo una trama de longevo densidad y extensión, flaquearon las disciplinas multilaterales, y en esas instancias los países más desarrollados impusieron el peso de su poder a través de medidas unilaterales y convenios discriminatorios y restrictivos.

Fueron períodos de transición que las sucesivas rondas de negociaciones multilaterales del GATT tendieron a aventajar una y otra vez reajustando las reglas a fin de afirmar su viabilidad. Así debe interpretarse la reforma introducida por la Ronda Uruguay (1986-1993) al instituir la Ordenamiento Mundial del Comercio (OMC). Pero esta diversificación de las materias negociadas en el ámbito multilateral, pese a las expectativas iniciales, ya es inoperante.

Un característica definitorio de la etapa de transición en curso es la salida de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), que, al automatizar procesos inéditos de acumulación, reproducción y concentración del caudal, han empoderado a corporaciones transnacionales cuya relación con los Estados nacionales anfitriones se caracteriza tanto por su interdependencia como por su conflictividad, manifiesta o larvada, según las circunstancias, y con decisiva incidencia geopolítica conveniente a que las TIC incluyen sistemas y dispositivos de uso dual (comercial y marcial).

En el proscenio indicado, las reglas multilaterales disponibles no alcanzan a recortar las estrategias agresivas de corporaciones transnacionales en el sector de las TIC. Afloran entonces las atribuciones políticas para fijar regulaciones unilaterales en nombre de principios o títulos tales como la franqueza de expresión, la protección de datos personales, la defensa de la competencia y, en definitiva, la seguridad doméstico.

¿Por qué se necesita arreglar el orden multilateral crematístico?

La multiplicación y velocidad de flujos económicos y financieros mediante las herramientas aportadas por las mismas TIC agudizaron los desequilibrios derivados de la condición asumida por Estados Unidos como “propulsora” del sistema crematístico internacional, empezando por su cuantioso endeudamiento. Este carácter ambivalente resulta de su condición como proveedor de la moneda de intercambio y reserva de longevo prevalencia mundial, esto es, el señoreaje.

Uno de los mentores de la política económica internacional para el segundo mandato de Trump ha sido Stephen Miran, quien, a través de un documento difundido en noviembre de 2024 (Una derrotero del agraciado para reestructurar el sistema de comercio general), recomendó incrementar los aranceles a la importación valiéndose del señoreaje como armamento disuasiva. Este influyente asesor escribió: “Cuando el país de reserva es ancho en comparación con el resto del mundo, no se le imponen externalidades significativas conveniente a su condición de reserva”. Más aún: “…si el activo de reserva es el hábitat cardinal del comercio mundial y de los sistemas financieros, esto significa que quien controle el activo de reserva y la moneda puede profesar cierto nivel de control sobre las transacciones comerciales y financieras”.

Pero para conservar el señoreaje, la manipulación de las transacciones comerciales y financieras no puede ser infinita. Enfrascado en la contienda geopolítica con China por la conquista de los mismos mercados a través del comercio y las inversiones mediante los aportes tangibles e intangibles de las TIC, Estados Unidos podrá preservar el señoreaje solo si logra imponerse sobre el adversario aceptando determinadas reglas.

Así, tanto las maniobras de política económica de carácter discriminatorio y restrictivo como las prácticas corporativas de captación y manipulación de voluntades y mercados tienen un meta para todos los contendientes: si arrasaran con los bienes de poblaciones y territorios conquistados, estarían cavando su propia fosa. He aquí la menester de arreglar un orden multilateral y así deslindar los campos de batalla.

Acusaciones al Brasil: un tiro por elevación contra el mundo en progreso

Entre las cuestiones más sensibles para países periféricos como son los latinoamericanos y que se agudizarían al prolongarse la desamparo multilateral, merecen citarse las expuestas por la “investigación” iniciada el 15 de julio de este año por la Oficina del Representante Comercial (USTR) de Estados Unidos contra Brasil bajo la leonina Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. Bajo este régimen violatorio de las reglas de la OMC —según lo recordó la pronta respuesta del gobierno brasileño—, se han formulado impugnaciones insostenibles pero de graves consecuencias en desaparición de un paraguas multilateral adecuado. Entre ellas resalta el desconocimiento de acuerdos de integración económica celebrados por países en progreso y, adicionalmente, del trato singular y diferenciado.

El desconocimiento de acuerdos de integración y del trato singular y diferenciado pueden tener graves consecuencias

El gobierno norteamericano manifiesta que constituyen una muestra de deslealtad comercial las preferencias arancelarias no extensivas intercambiadas por Brasil en acuerdos con terceros países —en particular México e India— abarcando haberes cuya producción en los países signatarios alcanzaría estándares de competitividad internacional.

Todos los Estados miembros de la OMC están amparados multilateralmente para concertar compromisos de integración económica. Adicionalmente los países en progreso lograron aquilatar al sitio de la Ronda Tokio un registro significativo: la “cláusula de facultad”. Se proxenetismo del derecho de dichos países a concertar entre sí preferencias comerciales no extensivas, esto es, fuera del talento del principio de la nación más favorecida. Dicho registro multilateral no admite vetos o cuestionamientos de terceros países. Estas objeciones solo se justifican bajo los Sistemas Generalizados de Preferencias (SGP) que utilizan los países desarrollados para suspender preferencias unilaterales y discrecionales otorgadas a países en progreso sobre producciones inicialmente no competitivas (“cláusula de proporción”).

La pretensión de reinstalar una especie de cláusula de proporción vulnera un derecho adquirido por los países en progreso y, en ese sentido, al erigirse como árbitro de desempeños competitivos circunscriptos a determinados sectores productivos, desconoce la existencia de disparidades e insuficiencias básicas.

Así, el cuestionamiento de los compromisos adquiridos por nuestros países para hacer equivaler las pocas exportaciones tradicionales que cuentan con ventajas competitivas puesta, una vez más, por la perpetuación de dichas carencias estructurales.

Este despropósito solo podrá superarse reafirmando las disciplinas multilaterales que consagran el registro de la integración económica y del trato singular y diferenciado para el mundo en progreso.

Marcelo Halperín

Instituto de Integración Latinoamericana, Universidad Doméstico de La Plata

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