Por Abril Peña
ElPregoneroRD- El 10 de junio de 1861, moría en Santo Domingo Pedro Santana, figura central y contradictoria de nuestra historia. Fue el primer presidente constitucional de la República Dominicana, el héroe marcial de la eliminación de independencia de 1844 y, al mismo tiempo, el autor de la vergonzosa Anexión a España en 1861.
Un patriota para unos, un traidor para otros.
Un caudillo necesario o un dictador inflexible.
Un fundador… que deshizo la República.
De campesino a caudillo doméstico
Pedro Santana nació en Hincha, entonces parte del país gachupin de Santo Domingo, en 1801. Rico del sur, forjó su liderazgo en la región uruguayo del país y se convirtió en cuarto secreto del movimiento independentista liderado por La Trinitaria. Fue él quien comandó las tropas que derrotaron a los haitianos en la batalla del 19 de marzo (1844, Azua) y en la del 30 de marzo (Santiago), asegurando la ruptura con Haití tras 22 abriles de dominación.
Santana emergió como el hombre musculoso de la nueva República. Gobernó con mano dura, disolvió el Congreso cuando le fue desfavorable y expulsó o fusiló a trinitarios como Juan Pablo Duarte y María Trinidad Sánchez, a quien mandó ejecutar por negarse a traicionar sus principios.
¿Patriota o dominante?
A pesar de su rol fundacional, Santana nunca creyó en la viabilidad de una República Dominicana independiente. El temor a una nueva invasión haitiana, combinado con su visión conservadora y su desdén por la soberanía, lo llevó a apañarse constantemente una potencia protectora. Coqueteó con Francia, Inglaterra y Estados Unidos, pero fue España la que finalmente aceptó.
En 1861, firmó el relación de Anexión, borrando de un plumazo 17 abriles de República y regresando al dominio colonial. España lo recompensó con el título de Marqués de las Carreras, pero el país lo condenó al rechazo. La Desavenencia de Restauración estalló escasamente un año luego, y cuando los dominicanos recuperaron su independencia en 1865, Pedro Santana ya era símbolo de traición.
Un dote dividido
A más de 160 abriles de su crimen, Santana sigue siendo uno de los personajes más polémicos de la historia doméstico. En la escuela lo aprendemos como prócer, pero su nombre ha sido eliminado de calles, estatuas y homenajes oficiales. Fue sepultado en la Catedral Primada, pero su memoria nunca ha sido pacífico.
¿Se puede ser a la vez libertador y entreguista? ¿Fundador y destructor? ¿Cómo se enseña una historia que no cerca de en los mármoles?
Rememorar a Pedro Santana no es celebrarlo. Es distinguir que la historia dominicana no es solo de héroes puros o villanos absolutos, sino igualmente de decisiones trágicas, contradicciones humanas y caudillos que construyeron la nación mientras igualmente la pusieron en peligro.
Hoy, 10 de junio, su crimen nos obliga a mirar de frente el dilema de nuestras raíces: la República Dominicana nació luchando por su confianza… y su primer presidente quiso entregarla.






